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Algunas pistas para mejorar la calidad de la respuesta humanitaria en el Chad
Olivia Collins, Florence Gibert, Julie Patinet and Bonaventure Sokpoh

La situación humanitaria en el este del Chad plantea cuestiones importantes sobre el espacio humanitario, la coordinación, la adaptación de la ayuda a las diferentes situaciones que coexisten, etc. Ciertas experiencias innovadoras y pistas de trabajo para mejorar la cualidad de la respuesta humanitaria en el ámbito del medio ambiente, del agua y saneamiento y de la seguridad alimentaría/dinámica económica, se encuentran actualmente en curso.

La situación humanitaria en el Chad [1] plantea, en la actualidad, cierto número de desafíos a los actores de la acción humanitaria. La inestabilidad es permanente. Coexisten, en el mismo terreno, diversas situaciones que necesitan intervenciones humanitarias específicas (refugiados, desplazados, población residente). Las iniciativas en favor de la autonomía o de apoyo a las actividades económicas de los civiles afectados constituyen desafíos de mayor o menor importancia dependiendo de los diferentes tipos de población o de las distintas regiones del país. Por último, la coordinación de la acción humanitaria representa un desafío cotidiano para el conjunto de los actores.

Para reforzar la capacidad de establecer análisis del contexto de forma exhaustiva y continua y para mejorar la calidad de las respuestas aportadas por los actores de la solidaridad internacional a la situación local, Groupe URD, lleva a cabo un programa innovador de aprendizaje colectivo: el Observatorio de las Prácticas de la Ayuda en el Chad (OPAT). Dicho observatorio comienza con una primera fase de 8 meses (de marzo a octubre de 2009) que constituye el « Programa de apoyo al aprendizaje colectivo y la mejora de la calidad de la respuesta humanitaria en el este del Chad ».

Los principales estudios de este observatorio revelan cierto número de puntos críticos en la puesta en marcha de la ayuda humanitaria en el este del Chad.

 Gestión de los recursos naturales e impactos medioambientales de los programas humanitarios

En el este del Chad, la urgencia ecológica sucede a la urgencia humanitaria: es un hecho reconocido por los actores. En algunos lugares, ya no hay suficiente madera a decenas de kilómetros a la redonda de los campos de refugiados, el suelo se ha vuelto incultivable, falta agua para cubrir la totalidad de las necesidades. Los actores humanitarios son conscientes de la importancia de introducir el problema del medio ambiente en sus programas. Algunos comienzan a poner en marcha actividades de reducción del impacto medioambiental de sus actividades (fogón mejorado), e incluso programas de rehabilitación del entorno (viveros y distribución de plantas, etc.), y se les presentan multitud de interrogantes metodológicos y técnicos. Pero las iniciativas en curso aún resultan insuficientes. Con el fin de tomar en cuenta de forma más coherente las cuestiones medioambientales en el este del Chad, hace falta trabajar a diferentes niveles.

La disminución de la presencia de madera se presenta como el problema más urgente. Resultaría por ello conveniente explorar todas las alternativas a la utilización de la madera como combustible: la cocina solar [2], las técnicas de construcción sin madera (bóveda nubia, casa con tejado en forma de cúpula, etc.), y correlativamente, el ladrillo de tierra prensada, la utilización de excrementos de vaca como combustible para cocer ladrillos, etc. De igual modo que las alternativas a la madera, habría que estudiar la disponibilidad y la pertinencia de otras fuentes de energía diferentes del petróleo para ser usadas en edificios comunitarios y en las bases de las ONG, como la producción de gas metano a partir de desechos orgánicos (fosas sépticas) y la producción de electricidad procedente de parques solares y eólicos.

Sería conveniente estudiar y difundir las iniciativas existentes de reducción del impacto de los programas (mecanismos que evitan la utilización de un factor energético o químico, y mecanismos para reciclar los elementos emitidos por cierta actividad como materia prima para otra actividad, como la producción de compost, la utilización de excrementos de vaca para cocer ladrillos, etc.). Otras soluciones merecen ser investigadas e incorporadas, principalmente en dos ámbitos: los principios de la agro-ecología y la utilización de las excrecencias.

En una situación de crisis humanitaria, la demanda (es decir, las necesidades de la población) es la que fija los niveles de consumo de un recurso natural, y no la disponibilidad de dicho recurso. De ahí la importancia para los actores humanitarios de analizar la durabilidad del consumo de un recurso. Si la utilización del recurso no es sostenible, hay que organizar actividades de atenuación del impacto de los campos de refugiados y de las concentraciones de desplazados. Tres enfoques pueden ser utilizados: la optimización de la utilización del recurso, su sustitución y la renovación del stock del recurso en cuestión. Estos tres procedimientos pueden (y en ocasiones deben) ser utilizados de forma combinada [3]. Dichas actividades deben ser puestas en marcha lo antes posible: cuanto más se espere más difícil resultará satisfacer las necesidades de la población y más costosas serán las actividades de rehabilitación del recurso natural a poner en práctica. Hay que señalar que los campos de refugiados y asentamientos de desplazados en la región oriental del Chad se encuentran repartidos a lo largo de una zona de variación climática: cuanto más avanzamos hacia el norte más nos adentramos en un medio frágil (desértico). La situación en el nordeste anticipa la del sudeste dentro de algunos años y constituye un terreno de experimentación. Además de lo llevado a cabo por los actores, los planes de reforestación deben ser efectuados en grandes superficies con el fin de tener un impacto sensible en relación a la protección y la rehabilitación del medio ambiente.


[1] Desde 2003, el Chad acoge refugiados sudaneses (unos 260 000) y centroafricanos (unos 60 000) que han atravesado las fronteras tras diversos conflictos sociopolíticos en Darfur y en la República Centroafricana. Desde 2005, los conflictos étnicos internos y la llegada al Chad (en la región fronteriza del este chadiano) de agitadores sudaneses han provocado desplazamientos internos de civiles chadianos. Cerca de 170 000 personas se encuentran aún confinados en asentamientos de desplazamiento. Desde 2007, movimientos de los sectores de población desplazados de vuelta a sus pueblos de origen son observados en ciertas zonas como Koukou, Kerfi, Am Timan, etc.

[2] La cocina solar es difundida por Tchad Solaire, una ONG chadiana, en los campos de Iridimi, Touloum et Ouré Cassoni, zonas que se encuentran entre las más desérticas del este del Chad.

[3] Por ejemplo, en el caso de la madera: promover la utilización de los fogones mejorados (optimización), las cocinas solares (sustitución). En el caso del agua: instalar sistemas de riego por goteo (optimización), de recogida del agua de lluvia (sustitución) y construir unos "cordons pierreux" (renovación).