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Crisis y sufrimiento psicológico: los programas psicosociales ofrecen respuestas
Claire Pirotte

Ante un acontecimiento de gran magnitud, la mayor parte de los individuos consiguen superar el estado de shock. Otros, más vulnerables, necesitan ayuda para reconstruirse psicológicamente, o sufrirán y representarán una carga para la sociedad, debido a diversas inaptitudes o desviaciones sociales. Los programas psicosociales adaptados a cada contexto cultural se proponen ayudar tanto a los individuos como a las sociedades. Aunque la necesidad de dichos programas ya no necesite ser demostrada, los métodos, objetivos específicos y medios de evaluación justifican una profundización en la investigación sobre este asunto.

Aunque las ideas sobre la necesidad y, sobre todo, el uso de las dimensiones psicosociales de los programas de ayuda humanitaria hayan sido aclarados durante los últimos años, este asunto aún resulta, para muchos, un tanto confuso a causa del polimorfismo de los programas.

El trabajo con individuos que sufren de PTSD (post traumatic syndrome disease), antecesor histórico del trabajo psicosocial, ha dejado una huella que exhibe el signo de la psiquiatría y sigue desnaturalizando, en numerosas conciencias, los objetivos y métodos de dichos programas.

A menudo, existe una confusión entre los términos de salud mental y enfermedad mental. La salud mental es una noción global que no se refiere únicamente a la ausencia de enfermedad; el tratamiento de la enfermedad es competencia de un médico y se concentra en el diagnóstico y el tratamiento de una patología psiquiátrica identificada en un individuo [1].

Hacia los años ochenta aparece la noción de psiquiatría humanitaria y mucho más tarde la de programas psicosociales. Hoy en día, los proyectos de salud mental aplicados a los contextos de conflicto y de post conflicto reciben una doble influencia: la dimensión médico-psicológica, más individual, y la dimensión socio-antropológica, con una concepción más colectiva que hace referencia a la noción de « bienestar social ».

 ¿Qué es un trauma psicológico?

Aunque la existencia de desórdenes emocionales inmediatamente después de un gran shock es algo normal y universalmente reconocido, en la mayoría de los individuos se observa una metabolización y superación más o menos rápida de sus efectos. Por el contrario, por diversas razones, cierto número de personas o grupos vulnerables presentan una fuerte disminución de sus aptitudes. Las consecuencias del traumatismo harán disminuir sus capacidades para organizar la supervivencia y adaptarse a los contextos difíciles de post-crisis.

Si dichos individuos no cuentan con ningún medio para « reconstruirse psicológicamente », enfrentados a los múltiples desafíos presentes en dichos contextos, su comportamiento violento, apático, adictivo, abandonista respecto a la educación de los niños, etc. tendrá repercusiones negativas para ellos mismos y el conjunto de la comunidad.
Por lo tanto, incluso si una parte del tratamiento se dirige al individuo, los programas psicosociales se centran en el conjunto de las interrelaciones entre todos los miembros de una comunidad con el fin de que puedan hacer frente común ante las dificultades, las desviaciones sociales y la delincuencia civil que disminuyen sus propias capacidades de reacción en el presente como en el futuro. Más allá de calmar el sufrimiento físico individual que es algo universal, los programas psicosociales se proponen apoyar las capacidades de las sociedades.

Ahora bien, a diferencia de las necesidades vitales, las consecuencias de los traumas psicológicos se observan a medio y largo plazo.


[1] En este artículo hacemos referencia al libro de Evelyne Josse: « Interventions humanitaires en santé mentale dans les violences de masse », Ed DE BOECK, coll crisis, 2009.