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La revista de Groupe URD

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Editorial

¡No disparen a la ambulancia!
El personal humanitario no es ni un enemigo a eliminar, ni una mercancía para ser vendida.
No obstante, el reciente ataque de la residencia de los empleados de las Naciones Unidas en Kabul demuestra que se considera a los actores de la ayuda en general y la ONU en particular como partes del conflicto. En Somalia, la guerra entre el gobierno de transición y los grupos de oposición ha disparado los precios de las milicias: aquéllos que no tienen la posibilidad de gozar de las lucrativas ventajas de la piratería buscan otras fuentes de ingresos, y la industria de los rehenes convierte la presencia en el terreno de intervención en extremadamente arriesgada. En Darfur, la toma de rehenes tiene un objetivo sin duda más político que económico, mientras que los recientes acontecimientos del Chad y RCA aún necesitan un fino análisis.
Respecto a estas situaciones, existen diferentes actitudes. Junto a la del búnker, del personal humanitario con escolta, que debería ser el « último recurso», se desarrollan las estrategias para favorecer la aceptación de los humanitarios por parte de la población y de los actores de la violencia o limitar el atractivo que puedan presentar los dispositivos de ayuda. Por último, en ciertos contextos, las organizaciones humanitarias utilizan las prácticas hoy en día suficientemente probadas de « control a distancia ». La violencia contra aquéllos que se han impuesto la misión de asistir y proteger a personas desamparadas continúa, cada vez más dura, cada vez más inaceptable. Allí, un equipo escapa destrozado, aquí, un miembro de una organización humanitaria regresa en un « body bag ». Algunos son nuestros amigos, y nuestros pensamientos son para ellos, sus familias y sus colegas… Pero la rabia es para nosotros, para aquéllos que se quedan y ven cómo equivocaciones políticas de los unos, desviaciones ideológicas de los otros y estrategias predadoras de los últimos terminan por cortar ese acceso a una población desamparada que es tan esencial para nuestro oficio.

François Grünewald