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¿El momento para una acción humanitaria verde?
Florence Gibert

La necesidad para los actores humanitarios de tomar en cuenta el medio ambiente

 El medio ambiente en tiempos de crisis

Las acciones humanitarias siempre se desarrollan en un medio fragilizado, a menudo llevado más allá de su capacidad de resiliencia, esto es, de su capacidad de recobrar un funcionamiento y un desarrollo normal después de haber sufrido una perturbación importante.
Ello puede deberse a razones crónicas y así son identificados « hot spots », las zonas desérticas, superpobladas o altamente industrializadas, en los que el advenimiento de una catástrofe es más que posible y a las que hay que prestar particular atención. Ello puede deberse a las mismas razones que causaron la crisis humanitaria. Una catástrofe natural o tecnológica puede tener, a parte de sus consecuencias directas visibles, numerosas consecuencias indirectas, como la polución del agua potable a causa de aguas de inundación que atraviesan las instalaciones de una industria química. La guerra cuenta con impactos sobre el medio ambiente particularmente importantes y diversificados. En las zonas de combate, los edificios son destruidos, los espacios desfigurados. Zonas enteras quedan sembradas de minas, contaminadas por agentes defoliantes, irradiadas por las municiones a base de uranio empobrecido… Las aguas se pueden volver, de forma accidental o voluntaria, inadecuadas para su consumo. Las víctimas de estos sinistros desarrollan ellas mismas un comportamiento depredador respecto del medio ambiente. El interés general y el largo plazo desaparecen frente a la necesidad de supervivencia y los recursos explotados de forma intensiva para ser consumidos o vendidos.

 El impacto medioambiental de las acciones humanitarias

Éste es el contexto en el que intervienen los actores humanitarios. Bajo la presión de la urgencia y la necesidad de responder a las necesidades vitales, la concepción de las intervenciones se limita a los programas de socorro y oculta las consecuencias a largo plazo. No resulta oportuno desarrollar medidas de protección medioambiental, y mucho menos cuando ni el análisis de los riesgos ni las respuestas técnicas son fiables: los impactos sobre el medio ambiente son a menudo difusos, multifactoriales y desplazados en el tiempo, e incluso en el espacio.
Las operaciones humanitarias cuentan ellas mismas con un alto impacto medioambiental proporcionales a los medios logísticos desplegados: transporte aéreo, flota de camiones, almacenes, ofimática, una comunidad internacional que vive a veces varios años en ecosistemas frágiles, etc. Cada programa puesto en marcha requiere un cierto número de recursos y emite una cierta cantidad de polución. La ayuda humanitaria y médica deja residuos de embalajes, restos de infraestructuras, desechos médicos… Los programas de lanzamiento económico y agrícola pueden conducir a una deterioración de los recursos naturales, por ejemplo a causa de un sobre equipamiento de los pescadores, lo que conlleva una superexplotación de los recursos pesqueros, la introducción de variedades exógenas, que introducen nuevas enfermedades.
Los campos de personas desplazadas o refugiadas son un ejemplo conocido de degradación medioambiental. Reagrupar a los beneficiarios facilita la entrega de la ayuda, pero ejerce una gran presión sobre el medio ambiente. Se recurre de forma no sostenible a los recursos cercanos – agua, madera, fauna, plantas comestibles – y se genera una cantidad considerable de desechos, produciendo la contaminación tanto de la superficie como de las capas freáticas. En particular, la madera es muy apreciada, ya que provee de material de construcción de los refugios, de combustible para la cocina y la calefacción, y de un ingreso mediante la fabricación y la venta de carbón. Por eso, una deforestación masiva acompaña a menudo el establecimiento de un campo de refugiados, siendo el ejemplo más emblemático la deforestación masiva del parque nacional de Virunga como consecuencia de la llegada de medio millón de refugiados ruandeses a la República Democrática del Congo en 1994. Y el campamento, de vocación provisoria, se perenniza en muchos casos…