Desde mayo de 2015, ya no podemos mantener la traducción de nuestra página web española.             
Inicio | Publicaciones | Ayuda humanitaria en marcha | Ayuda humanitaria en marcha n°1 | El quid de la cuestión del humanitarismo de Estado en Francia …

La revista de Groupe URD

Herramientas y métodos

CHS Core Humanitarian Standard (CHS)
Pictogrammme Sigmah Sigmah Software
Pictogrammme Reaching Resilience

Reaching Resilience
Pictogrammme brochure Kit de formación: acción humanitaria y medio ambiente
Pictogrammme brochure Manual de la participación
Pictogrammme COMPAS Método COMPAS
Pictogrammme globe terrestre Misión Calidad
Pictogrammme PRECIS Humatem Método PRECIS

El quid de la cuestión del humanitarismo de Estado en Francia …
Véronique de Geoffroy

Francia ha sido clasificada en el 20o lugar de una clasificación de 23 países ‘buenos donantes humanitarios’ [1], a bastante distancia por detrás de Suecia, Noruega, Irlanda o Dinamarca. El nivel de las contribuciones de la ayuda humanitaria francesa es particularmente bajo (57 millones de dólares en 2007, menos del 1% de la Ayuda Publica para el Desarrollo), lo que la ubica en el 19º puesto en términos de generosidad.
Esta clasificación hace resurgir el contraste flagrante entre la imagen de Francia – país con una fuerte tradición humanitaria, cuyo Ministerio de Asuntos Exteriores tiene una importancia singular – y la realidad reflejada en las carencias de la ayuda humanitaria francesa, ya sea en términos de medios económicos o de estrategia.

 

Image Index PDV

 

La reforma en curso del dispositivo humanitario francés (creación reciente del Centro de Crisis, refuerzo inminente del papel de la Agencia Francesa para el Desarrollo) permitirá, esperémoslo, una auténtica estructuración de los medios, hombres e ideas para una mayor eficacia frente a las situaciones de crisis y de post crisis. En efecto, resulta urgente que el Estado francés reafirme, sin falso pudor pero también sin dobles intenciones, su compromiso con el « proyecto humanitario » internacional, un proyecto de solidaridad estructurado a partir de valores y principios fuertes, en relación con las ONG, las Naciones Unidas, el movimiento Cruz Roja y con Europa.

Pero, para ello, habría que clarificar la delicada cuestión del papel del Estado en la acción humanitaria. Numerosas ONG (y tradicionalmente las ONG francesas en general, construidas en oposición al Estado) cuestionan la legitimidad de una « acción humanitaria de Estado ». Algunas piensan que la acción humanitaria es y debe continuar siendo una cuestión de sociedad civil, puesto que el Estado se mueve por intereses geoestratégicos o económicos. No obstante, es a esos mismos Estados a los que se debe la existencia de los textos del Derecho Internacional Humanitario sobre los que se funda la ayuda internacional y que recuerdan que el individuo, en cualquier circunstancia – y también en estado de guerra y frente a la locura de los hombres –, tiene derecho a que se respete su dignidad y su integridad física. Como signatario de las Convenciones de Ginebra o de la Convención sobre los Refugiados, el Estado tiene la responsabilidad primordial de respetar y hacer respetar esos mismos derechos. Este objetivo no resulta anodino en un mundo en el que la batalla del eje del ‘bien’ contra el eje del ‘mal’ casi ha hecho olvidar los logros de 150 años de construcción del derecho humanitario.
Otros recordarán, con razón, que la acción humanitaria no puede constituir el objeto de ninguna política sin el riesgo de enmascarar los verdaderos objetivos político-diplomáticos de una gestión de crisis o la imperiosa necesidad de la prevención. En efecto, el aspecto mediático y visible de la ayuda de urgencia nunca debería ocultar los verdaderos objetivos que se sitúan en el origen. ‘Acción humanitaria oculta-miserias’ de la diplomacia o ‘Acción humanitaria con el gatillo preparado’, las diferentes guerras de los Balcanes han demostrado que hay que desconfiar respecto de una instrumentalización de la acción humanitaria por parte de la política. Pero las negociaciones políticas, las operaciones de preservación de la paz, o las problemáticas de salida de crisis – la suerte que espera a los refugiados, el acceso de los desplazados a la tierra, la integración urbana de ciertos barrios, etc. – tienen también sus « resonancias humanitarias ». Los riesgos de ‘amistades peligrosas’ no hacen más que resaltar la importancia de elaborar la estrategia de una acción humanitaria de Estado civil, fundado sobre los principios humanitarios. Para hacer esto, hay que clarificar las interacciones entre la acción humanitaria y los instrumentos de gestión de crisis, y sobre todo los dispositivos militares que se encuentran implicados.

Además, ¿cómo negar que la casi totalidad del sistema humanitario internacional descansa sobre financiamientos estatales? Médicos Sin Fronteras, que maneja mayoritariamente fondos privados, no puede constituir un modelo a nivel global en vista de las necesidades y de las sumas colosales que entran en juego. 130 millones de víctimas de catástrofes naturales sólo en 2006, 24,5 millones de personas desplazadas en todo el mundo… Además de la responsabilidad de los Estados de hacer todo lo posible para evitar la aparición de estas necesidades, también existe la responsabilidad ética de no cerrar nunca los ojos, de responder a las situaciones de desamparo, principalmente a aquéllas que se encuentran lejos de los proyectores y de las cámaras, y de hacer todo lo posible para ayudar a la población civil, allí donde el dinero de los donantes privados resultará más escaso.

En un mundo en el que las catástrofes naturales y los casos de inestabilidad política se multiplican, haciendo cada vez más víctimas, se impone la urgencia de elaborar, más allá de las reestructuraciones institucionales y de las múltiples reformas de los dispositivos de gestión de crisis y en concierto con las ONG, una visión nueva, una estrategia de la ayuda humanitaria francesa. La elaboración de esta estrategia, que no debe ser ni ingenua ni cínica, es indispensable para hacer frente a los desafíos por venir. Ya sea en el marco de la Reforma del sistema humanitario de las Naciones Unidas o para la puesta en marcha del ‘Consenso Humanitario Europeo’, son numerosas las oportunidades y reales las necesidades de una participación activa de cada nación en estos debates. Entonces, así y sólo así, Francia podrá ganar puestos de forma duradera en la clasificación de donantes a nivel internacional, y no por medio de juegos de cifras y de coeficientes de ponderación sino gracias a un trabajo estratégico de fondo – no por motivos de ‘concurso de belleza’ sino para responder mejor a las necesidades de las poblaciones en situación de crisis.

 

Véronique de Geoffroy - Directora de operaciones, Groupe URD

[1] The Humanitarian Response Index, para obtener más información consultar http://www.hri.daraint.org/