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Estrategias de lucha contra la red de los opiáceos en Afganistán: ¿Estamos en el buen camino?
Charlotte Dufour - Domitille Kauffmann - François Grünewald

Casi diez años después de la intervención de la comunidad internacional y la caída del régimen talibán, la cuestión de la producción de opio en Afganistán es más que nunca causa de preocupación para los diferentes actores, sobre todo la comunidad internacional. No obstante, la última década se caracteriza por una sucesión de políticas y programas cuyo objetivo ha sido el de reducir la producción de droga, ya fuera mediante acciones de erradicación, de represión o la puesta en marcha de actividades alternativas (agrícolas, pero también, y más generalmente, de desarrollo rural). ¿Qué resultados han producido estas acciones? ¿Qué conclusiones podemos sacar de todo ello?

Este artículo presenta los principales resultados y recomendaciones de un estudio realizado por encargo de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), a principios de 2010. El objetivo de este trabajo era el de analizar el conjunto de las actividades puestas en práctica en el marco de la estrategia nacional de lucha contra la droga (NDCS) durante la última década – prestando una atención especial a sus puntos fuertes y débiles, así como a las restricciones a las que su realización se ha visto sujeta –, y proponer una serie de recomendaciones, al mismo tiempo estratégicas y operacionales, para alimentar la reflexión sobre las políticas y programas.

 El opio en Afganistán

Marginal hasta la invasión soviética, la producción afgana de opio se desarrolló en un principio como una economía de guerra, como una estrategia de supervivencia luego, durante los años 90, y más tarde, a partir de 2001, como principal cultura de ingresos, con un aumento considerable de la superficie cultivada. La producción de opio se encuentra en receso desde el nivel récord alcanzado en 2007, aunque sigue siendo hoy día muy elevada: 6 900 toneladas de cosecha en 2009 sobre una superficie de 123 000 ha. Las zonas de producción han cambiado ostensiblemente desde 2004 – el cultivo de la amapola se encontraba entonces repartido por todo el territorio nacional – y la producción se ha concentrado, en 2009, en las provincias del sur y en la provincia occidental de Badghis. Algunas provincias (20 en 2009 contra 13 en 2007) han obtenido durante varios años –consecutivos o no – el estatuto de « poppy-free », un título que la UNODD (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito) otorga a las provincias con menos de 100 ha dedicadas a la adormidera.

 

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Además de este aumento de las superficies cultivadas, el conjunto de la red del tráfico de opiáceos presenta un progreso formidable durante la última década. 60% de la producción afgana de drogas – morfina y heroína – se llevaría a cabo en laboratorios instalados en las principales provincias productoras (Helmand, Nangarhar y Badakhshan).

Sin embargo, no se pueden sacar, hoy por hoy, conclusiones sobre la perennidad de estas tendencias de regresión – observadas desde 2007 en varias provincias – ya que son numerosos los factores que influyen en la producción de opio : factores agro-ecológicos (clima, irrigación), socioeconómicos (seguridad alimentaria y pobreza, acceso al crédito, a la tierra y a los servicios agrícolas, dependencia de la economía respecto de la amapola), políticos y referentes a la seguridad además de otros factores ligados a la producción, transformación y comercialización de los opiáceos (experiencia y técnicas adquiridas, términos del intercambio entre trigo y amapola, producción en los otros países, acceso a los precursores químicos, proximidad de los laboratorios y redes de distribución). Además, puesto que la producción afgana es mayor que el consumo mundial de opio, existen importantes stocks. La regresión actual podría deberse a una estrategia de control de los precios.

La concentración de la producción en el sur denota una fuerte correlación entre producción de opio, y actividades ilícitas en general – la producción de cannabis también ha aumentado de forma significativa en las regiones del sur –, y la inseguridad.

 

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Los motivos del descenso de la producción observado actualmente son diferentes de una provincia a otra. En las provincias de Nangarhar y de Balkh, parece obvio que las acciones de los gobernadores han desempeñado un papel crucial. En las otras provincias, los factores económicos y agro-ecológicos – evolución de las condiciones del intercambio entre el trigo y la adormidera – parecen haber incitado a los campesinos a privilegiar la seguridad alimentaria y a plantar trigo.

Para reducir la producción, el tráfico y el consumo de opiáceos de forma duradera, el gobierno afgano ha definido una estrategia global fundada en 4 ejes prioritarios – prohibición y represión, desarrollo de actividades alternativas, tratamiento de la toxicomanía, desarrollo de las capacidades de las distintas instituciones a escala central y provincial – y 8 pilares de acción. Junto al gobierno, una multitud de actores se encuentran implicados en la lucha contra la droga, entre los cuales se encuentran los gobiernos americano y británico, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODD) y las fuerzas armadas de la ISAF. Las ONG también están implicadas como colaboradores en la puesta en práctica de los programas de desarrollo y de tratamiento de la toxicomanía.