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Fragilidad de las sociedades, fragilidad de los Estados
François Grünewald

Las reflexiones y las herramientas elaboradas para aprehender y tratar las situaciones de fragilidad son objeto de numerosos debates. ¿Cuáles son los desafíos que se presentan a los actores de la solidaridad?

 Un nuevo objeto de reflexión internacional

En este principio de milenario, la fragilidad, ya sea temporal o duradera, se ha convertido en un desafío mundial donde quiera que aparezca, incluso en los países con menor relevancia en política y economía internacionales. Las sociedades de numerosos países han encajado los efectos de las estrategias dogmáticas del ajustamiento estructural, que a menudo han mermado la capacidad de los Estados a cumplir su papel. Esto agravó las crisis políticas y alimentó las tensiones sociales y económicas en los países sujetos a este dogma liberal que reduce el papel y los medios de acción del Estado.

El fin de la Guerra Fría y, más tarde, los atentados del 11 de septiembre de 2001 han introducido las situaciones de crisis de los Estados y sociedades del Sur en el ámbito de la diplomacia internacional ya no bajo el punto de vista de la confrontación binaria Este-Oeste sino, por una parte, bajo el de las reacciones emocionales de los sectores de la opinión pública frente a situaciones humanas dramáticas y, por otra parte, como factor potencial de desestabilización a un nivel a la vez local como regional y global, en un mundo cada vez más interdependiente.

En los países occidentales, nuevas formas de solidaridad de una « sociedad civil internacionalizada » intentan, por una parte, ponerse públicamente del lado de las sociedades fragilizadas y apoyarlas y, por otra, poner en marcha acciones de presión dirigidas a las « partes implicadas » en la dinámica de « fragilización de los Estados ».

Las estrategias de los Estados no han cesado de afinarse durante los últimos años con el objeto de aprehender y tratar mejor esas situaciones. Una conferencia internacional, celebrada en Londres en enero de 2005, ha planteado la cuestión de los « Estados frágiles », pero de forma demasiado general y sin adelantar un concepto suficientemente elaborado como para orientar de forma efectiva las estrategias operacionales. A partir de esa fecha, han sido desarrolladas numerosas iniciativas por parte de los proveedores de fondos. El conjunto de los financiadores ha profundizado en esta cuestión tanto desde un punto de vista teórico como práctico, principalmente en el contexto del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE y en el de las instituciones financieras internacionales, así como de ciertos bancos regionales (sobre todo el Banco Africano de Desarrollo) y de las instituciones de ayuda bilateral en su conjunto. Ha sido necesario elaborar tipologías, un proceso que se ha visto obstaculizado por la resistencia de los países asociados que de alguna manera se veían así juzgados. Diferentes instrumentos han sido puestos a prueba aquí y allá: LICUS y Fondo Post Conflicto del Banco Mundial; apoyos presupuestarios ad hoc, fondos de gestión en períodos de crisis (Gap Funds de Noruega) o combinaciones de créditos y gastos militares (Conflict Prevention Pools británicos). Las Naciones Unidas también han puesto en marcha sus propios mecanismos especializados en el tratamiento de situaciones de salida de conflicto (Oficina para la Prevención de Crisis y Recuperación del PNUD), mientras que el nuevo sistema de multifinanciación de fondos fiduciarios han sido puestos a prueba en Sudán y en RDC y que la Unión Europea, principal financiador de situaciones de crisis y de salida de crisis, elaboraba herramientas innovadoras (Linking Relief Reconstruction and Development o LRRD, y Facilidad de Paz). Mientras la Unión Europea definía su propia estrategia frente a las situaciones de fragilidad, lo que lleva a una comunicación de la CE en 2007, los Estados Unidos progresaban en la puesta a punto de sus propias herramientas, principalmente los de la Oficina de Iniciativas de Transición (OTI) y de la iniciativa de apoyo a la estabilización, apoyándose en una fuerte implicación de las fuerzas armadas. Cada una de estas iniciativas cuenta con su propia historia, con sus propios éxitos y fracasos.

De forma paralela, en el plano teórico, y gracias a los trabajos del CAD, se han propuesto diez principios de acción frente a las situaciones de fragilidad y de conflicto en abril de 2007. Estos principios completan la Declaración de París, de marzo de 2005, sobre la eficacia de la ayuda, y tienen la ambición de orientar a los donantes bilaterales y a las instancias multilaterales en la concepción y realización de sus intervenciones frente a situaciones en las que el modelo, ambicioso pero ingenuo y muy poco contextualizado respecto a los Objetivos del Milenario para el Desarrollo, parece muy poco adecuado.


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