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Haití: actividades psicosociales plurales en situación de crisis
Marion Cherblanc

Haití: su complejidad, sus problemáticas… y este terremoto. De la misma forma que el tsunami de 2006 en el sudeste asiático, esta catástrofe ha generado una ayuda internacional masiva, incluyendo actividades psicosociales. Aunque ciertas organizaciones de ayuda psicosocial ya se hallaban presentes antes del seísmo, podríamos preguntarnos sobre la pertinencia de dicha ayuda venida del exterior sobre cuestiones tan íntimas como la psicología y tan culturales como la relación que las personas mantienen con la esfera pública y social en Haití.

 Estado de los problemas psicosociales

El acontecimiento / shock

En Haití, el terremoto del día 12 de enero de 2010 fue todo un acontecimiento, con A mayúscula. Así se refieren a él los habitantes de Haití [1], para evitar la palabra « seísmo » o « terremoto ». Las consecuencias directas observables son la destrucción de edificios, como casas, hospitales, escuelas; los heridos y los muertos; las personas desplazadas y los « campos », etc.

Este tipo de catástrofe conlleva importantes impactos para los seres humanos [2]. Los supervivientes se encuentran entre la confusión y la desesperación. En primer lugar, por la pérdida de los puntos de referencia y del marco de vida, ya no tienen lugar donde dormir, donde trabajar o donde estudiar. La rutina ya no existe, las personas se encuentran en un estado interior de emergencia para responder a las necesidades esenciales de supervivencia. En el seno mismo de la organización de la sociedad o de la comunidad, el funcionamiento social normal se ve perturbado. Por último, las catástrofes acentúan la fragilidad de los sistemas de salud y de respuesta a las emergencias y ponen de relieve su insuficiencia, a pesar de ser de lo más útiles.

El seísmo ha provocado un gran número de muertes, de heridos y de personas desplazadas. El duelo es un estado y los procesos de duelo deben ponerse en marcha para permitir que los vivos acepten la muerte y celebrar según las tradiciones los funerales. Tras el seísmo, no todas las familias han podido encontrar a los suyos. Algunos muertos se quedaron bajo los escombros, otros fueron enterrados en fosas comunes. Para las familias de las víctimas, resulta difícil no saber lo que ha sido de sus seres queridos, si están muertos o aún viven, y no poder realizar los ritos y funerales adecuados. En la cultura haitiana las religiones están muy enraizadas, sobre todo el cristianismo y el vudú. En toda religión, resulta perjudicial para los vivos el no realizar los ritos funerales de sus difuntos.
Los heridos pueden quedar incapacitados: tras haber podido acceder a curas médicas, tienen que aceptar su nueva condición y aprender a vivir con un cuerpo diferente. También ocurre que se conviertan en personas dependientes y que los miembros de la familia, por ejemplo, tengan que hacerse cargo de ellas. Un sentimiento de abandono, inutilidad y vergüenza se apodera a menudo de estos individuos que tienen que hacer el duelo de su antigua vida.
La masiva destrucción de edificios puso en la calle a un gran número de personas (hasta un millón), ya que resultaba demasiado peligroso vivir en casas completa o parcialmente destruidas. Al principio, los habitantes salieron a la calle para ponerse a salvo de los derrumbamientos. Más tarde, se organizaron campos espontáneos en los espacios abiertos, especialmente en Puerto Príncipe. Para esas personas, una de las ventajas era la de quedarse en su barrio, en el que ellas tenían sus costumbres cotidianas y sus conocidos y familiares. Sin embargo, la vida en los campos presenta numerosos factores desestabilizadores como la inseguridad, la falta de intimidad, la promiscuidad, etc.

Por último, el seísmo es, de por sí, un auténtico shock: vivir un terremoto constituye una prueba terrible. Cada uno reacciona y metaboliza lo ocurrido de forma diferente. No obstante, el pánico y el miedo se apoderan a menudo de las personas, a causa del carácter excepcional de « la tierra que se mueve ». La « fobia del hormigón », el miedo a volver a entrar en un edificio de cemento que tienen las personas que han vivido un terremoto, el temor a nuevas sacudidas o a un nuevo seísmo, a quedar preso bajo los escombros… también está muy presente en Haití.
La comprensión científica de un seísmo ofrece cierta explicación, pero en entornos muy marcados por las creencias sobrenaturales un seísmo puede ser « provocado intencionadamente » o puede representar « un castigo », dejando a las personas expuestas a sus interrogantes y dispuestas a prestar oídos a palabras de consuelo y explicación de toda índole. Los niños y/o adultos necesitan explicaciones de lo que ha ocurrido, y de lo que ocurrirá, a fin de encontrar puntos de referencia en medio del caos que deja tras de sí todo seísmo.
En Haití, pasados los primeros momentos después del seísmo y el estado casi general de estupefacción, la ayuda mutua, la necesidad de socorrer y la puesta en marcha de los sistemas de supervivencia permitieron que las personas hicieran frente a la situación y que se mantuvieran activos para intentar retomar el curso normal de su vida.


[1] Entrevistas en Haití, misión de Groupe URD, septiembre de 2010.

[2] Hellen MWANGOUYA: Rendre moins vulnérable en faisant preuve d’humanité, Face à la crise n°3, IFRC, 2010.