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Haití: atreverse a mirar hacia el futuro
Bernard Husson

CIEDEL (Centro Internacional de Estudios para le Desarrollo Local) es un instituto de formación profesional y universitario de actores del desarrollo francés y extranjero de la Universidad Católica de Lyon. Desde su creación, hace más de 20 años, forma a profesionales haitianos del desarrollo y su personal docente acompaña y apoya con frecuencia iniciativas de desarrollo en dicho país. El presente artículo está escrito por el equipo de CIEDEL con el concierto de los miembros del grupo de antiguos alumnos haitianos y/o que trabajan en Haití en el ámbito del desarrollo (Hudson Michel, Hubert Normil, David Tilus, Isabelle Biney, Jean-Paul Pierre, Pierre Etienne, Talégrand Noël, Gina Termilus, Jean-Hervé François, Emmanuel Robert, etc.).

Sobre el necesario paso de la ayuda de emergencia al acompañamiento del dinamismo de un pueblo

Desde las primeras horas después del seísmo, se organizó la solidaridad entre los habitantes de Puerto Príncipe y, en general, de Haití. Los habitantes se socorrieron mutuamente para evacuar de una casa en peligro a un familiar, a un vecino, a un desconocido herido… La solidaridad también se organizó en el resto del país, a pesar de las dificultades de acceso a la información y la ausencia de consignas por parte de las autoridades nacionales, ellas mismas gravemente afectadas. De esta forma, desde el día después del seísmo, el alcalde de Cabo Haitiano requisó autobuses para el transporte de heridos de Puerto Príncipe al hospital de su ciudad. Manifestaciones de este tipo se originaron en todas las regiones del país.

Dichos gestos espontáneos resultan insuficientes para reconstruir Puerto Príncipe y el país. Mantener la ayuda internacional durante un largo período es una condición indispensable para que Haití vuelva a la normalidad durante las próximas semanas, meses, años. Pero la decisión sobre las prioridades es de los haitianos. La experiencia demuestra que cuanto mayor es la ayuda – y para Haití debería serlo – mayores son los riesgos de desviaciones. La ayuda internacional, incluso bien dirigida, no puede reconstruir por sí sola el país y permitir a los haitianos proyectarse en el porvenir. Ante todo, es la voluntad de sus habitantes, como la expresada desde el terremoto, la que conducirá el país hacia el futuro. Pero para ello hay que fomentar esta voluntad, apoyarla y permitir que se exprese.

Esta catástrofe puede, en efecto, inaugurar una nueva era en la vida política y en el desarrollo de Haití. Muchas declaraciones y esperanzas van en este sentido. Pero para que los haitianos doten esta ambición de una dimensión práctica, la ayuda internacional también tiene que representar para ellos un medio para apropiarse de su país, mediante el apoyo del trabajo de los actores colectivos y de las administraciones locales.

Además, la ayuda internacional tiene que abrirse a otras formas de apoyo que la mera reconstrucción lo que ha sido destruido, a acciones que a menudo se descuidan tras las catástrofes. Resulta indispensable que una parte de los recursos procedentes de la ayuda sean afectados a la consolidación de las redes sociales, instituciones locales y asociaciones que se encuentran en contacto directo con los habitantes. Tomar conciencia de la importancia de este tipo de acciones es esencial. De hecho, las relaciones políticas en el seno de la sociedad haitiana no se han visto modificadas por el seísmo. El control de la destinación de la ayuda puede exacerbar ciertas tensiones políticas, ya bastante difíciles de por sí, brutales demasiado a menudo. La corrupción, verdadera lacra del país, no será indiferente a las cantidades financieras movilizadas… La historia del país nos hace pensar que el aumento de la miseria y de las dificultades sufridas por sus habitantes no constituirá un freno para las agresiones sobre las personas, las diferentes formas de exacción, el monopolio sobre el poder político y la apropiación de las riquezas por parte de un reducido número de personas. La solidaridad interior está aún por construir, más allá de los gestos inmediatos que han seguido al seísmo.

La atribución de recursos a las organizaciones que trabajan con los habitantes resulta también determinante para el futuro de Haití. El lado positivo es que no hace falta crear dichas organizaciones: ya existen bajo una multitud de formas y han sido las primeras en movilizarse desde las primeras horas que siguieron al seísmo. Estas organizaciones están muy activas en la actualidad: organizaciones de vecinos, asociaciones de ayuda mutua o profesionales, comunidades de emigrados… Pero necesitan consolidarse. Cercanas a los ciudadanos, son las únicas organizaciones con la capacidad de movilizarlos de forma duradera con el fin de reconstruir la capital y el país. El apoyo a estas organizaciones resulta tanto más importante cuanto que la situación política es frágil. El papel que ellas tienen en la sociedad haitiana resulta esencial para que los habitantes tomen conciencia de su propia capacidad para determinar el futuro del país, a pesar del peso de la historia y la desorganización que reina como consecuencia del seísmo. Es precisamente su presencia en la reconstrucción de su ciudad la que hará que los ciudadanos se sientan propietarios, es precisamente su participación en la renovación de la capital la que hará despertar en la conciencia de todos los haitianos el sentimiento de que tienen derecho a participar en decisiones de las que se les excluye desde hace largo tiempo.