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La Protección: ¿la nueva cortina de humo de la ayuda humanitaria?
Marc Dubois

Fundándose en la experiencia de Médicos Sin Fronteras en el ámbito de la protección en Darfur y otros contextos, este artículo ofrece un análisis crítico del desarrollo de la protección en tanto que « industria » a parte entera. La comunidad humanitaria hace abstracción de sus límites, y quizás contribuya de esta forma a erosionar los derechos de los individuos durante las crisis, a la vez que exalta los efectos benéficos de un enfoque « fundado en los derechos ».

Durante la última década, el enfoque fundado en los derechos humanos, comúnmente conocido como Human Rights Based Approach (HRBA), se ha hecho un sitio cada vez más importante en la acción humanitaria.
En concreto, este cambio ha engendrado el desarrollo de guías y estándares para la ayuda. Bajo este enfoque, los beneficiarios se convierten en algo más que en civiles que necesitan una asistencia – se convierten en individuos que poseen unos derechos. Así, el HRBA ha transformado los deseos/voluntades de los individuos afectados por las crisis en una obligación de la sociedad de ofrecer una respuesta a los derechos. El HRBA ha provocado y reforzado un cambio significativo en la acción humanitaria, sobrepasando la pura asistencia para integrar un « ángulo de protección » en el suministro de la ayuda.

 Los cuatro espejismos de la protección humanitaria

Tras haber sido del dominio exclusivo de los especialistas, el concepto de protección se ha convertido a lo largo de la última década en la jerga favorita de los círculos humanitarios. El abandono progresivo del paradigma de la ayuda, o, más bien, el desarrollo progresivo del paradigma de la ayuda asociada a la protección, al margen de entidades con una misión específica de protección (CICR, UNICEF y ACNUR), ha colmado un vacío aterrador. La lucha contra lo que algunos llaman los « muertos bien alimentados » o los « violados bien alimentados » debería, sin duda alguna, alegrarnos. No obstante, tanto la de Darfur como otras crisis violentas siguen siendo sucias y brutales, incluso para aquéllos que viven en campos relativamente estables, lo cual suscita ciertas cuestiones en relación a la protección realmente ofrecida por la acción humanitaria.

Espejismo 1: el problema es el “defecto de protección ”

No es la falta de actividades de protección o la ausencia de protección legal lo que debería ser señalado como problema principal, sino más bien el exceso de violencia.
La obsesión de los actores de la ayuda humanitaria por la protección demuestra hasta qué punto definimos el entorno exterior a través de nuestras actividades.
El defecto de protección se ha convertido en un eufemismo. Darfur es la primera crisis que ha sido llamada « crisis de protección » [1]. En términos de nuestra responsabilidad frente a nuestros propios límites, el primer paso es quizá entonces el de tomar conciencia del hecho que, a pesar de importantes excepciones (aunque relativamente insignificantes), la protección (en el sentido de garantizar una seguridad física) de los civiles durante los periodos de conflicto violento simplemente no es nuestro trabajo.

Espejismo 2: La comunidad humanitaria tiene la capacidad de ofrecer una protección significativa.

Ciertas actividades de protección o incluso los numerosos y excelentes consejos/recomendaciones que abarrotan los libros merecen nuestros elogios y deberían ser incorporados a nuestras actividades cotidianas. Sin embargo, parece que hemos perdido de vista el sentido de dichas acciones o, aún más grave, el sentido de las palabras que utilizamos para describirlas.

“(…) una nueva determinación ha emergido estos últimos años para desarrollar una programación verdaderamente práctica que proteja a las personas de toda forma de violación, de explotación y de abuso en tiempo de guerra y de catástrofe.” [2]

Esto parece extremadamente ambicioso – más o menos en la misma medida que restablecer la paz, la armonía y la prosperidad para todos los pueblos del planeta. ¿Realmente creemos que nosotros, personal humanitario, podemos alcanzar un objetivo parecido, aunque sólo sea remotamente? No se trata de denigrar el trabajo efectuado por los actores humanitarios en términos de protección sino de reconocer sus límites evidentes. Para los actores humanitarios, las actividades de protección son documentación, formación, sensibilización y viejas recetas como la construcción de letrinas en zonas seguras.

Espejismo 3: La creencia generalizada de que, en el frente, alguien protege a la gente.

Empañar la imagen de la ayuda humanitaria extendiendo el mensaje de que la ayuda no es la solución representa una fuente de consternación para los actores de la ayuda. Los proveedores de fondos institucionales no comunican sobre el hecho de que sus financiamientos son utilizados para comprar vendas y no remedios. De la misma forma que nosotros, personal humanitario, tampoco queremos que la opinión pública tome conciencia de estos límites inherentes. Los gobiernos occidentales no desean, con toda certeza, que sus ciudadanos critiquen la superficialidad de una orientación fundada únicamente en la ayuda. La opinión pública está contenta de saber que financia acciones de protección, atraída por la idea de proteger a la gente y no es en absoluto consciente del hecho de que su dinero contribuye a paliar un ‘defecto de cobertura’. Ello permite a los gobiernos donantes jactarse del trabajo que realizan, lo cual tranquiliza a los electores, que no quieren que la ayuda se limite al envío de comida. También permite reemplazar, para defender las vidas de individuos, el recurso a la vía militar o diplomática por el financiamiento de una burocracia civil dedicada a la defensa de los derechos. ¿Es esto importante? Sí. ¿Tiene un impacto positivo? Sí. ¿Resulta insuficiente? Sin duda. ¿Es deshonesto? Completamente.

Espejismo 4: La integridad es la única cosa en juego.

Una de las consecuencias es el número de organizaciones aparentemente satisfechas de emprender actividades de protección, más que de suministrar una ayuda a la población civil. Como lo indica un miembro de una importante ONG que trabajó en Darfur con respecto a los resultados durante el pico de la ola humanitaria (finales de 2004-mediados de 2005): “Tenemos más responsables de « protección » en el terreno en Darfur que técnicos de saneamiento.”

Los gobiernos que no son particularmente favorables a la presencia de las organizaciones humanitarias también lo han remarcado. En el mismo momento en que el autor de este artículo presentaba un informe de MSF a las autoridades sudanesas, éstas le acusaron de no hacer público dicho informe más que con la intención de aumentar las donaciones. Está claro que si los actores humanitarios son percibidos como gente ocupada en hacer hablar de ellos para sus propias ganancias financieras, ello pone en peligro su presencia (sus relaciones con las autoridades) y reduce el impacto de su discurso sobre la protección. Tales acusaciones no desaparecerán nunca. Pero, lo que es aún más grave, las sospechas del gobierno sudanés, concebidas de forma global, podrían no ser del todo infundadas.

El acceso de las organizaciones humanitarias a la población civil durante las crisis se ve gravemente amenazado por el impacto que pueden tener ciertas actividades de protección, ya sea por poner a un gobierno en un aprieto o por amenazar directamente los intereses de uno de sus miembros. Manifiestamente, lanzarse a la protección requiere un análisis minucioso de las repercusiones potenciales.


[1] PANTULIANO, S., O’CALLAGHAN, S.: The ‘Protection Crisis’: A review of field-based strategies for humanitarian protection in Darfur. HPG Discussion Paper, December 2006, p. 6.

[2] SLIM, H., BONWICK, A.: Protection – An ALNAP Guide for Humanitarian Agencies. ALNAP, Londres, 2004.

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