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Las relaciones entre militares y personal humanitario juzgadas a través del intercambio de información: ¿qué conclusiones?
François Grünewald

Con la explosión de la acción humanitaria civil, tanto asociativa como institucional (bi y multilateral), los militares y las organizaciones humanitarias se ven cada vez más obligados a tratarse de forma regular en los contextos de crisis. Esta cohabitación no resulta en absoluto simple y algunas líneas de conducta, referencias, doctrinas como las líneas directrices de Oslo o la doctrina de las ACM/CIMIC , que preconizan la clarificación del papel y la misión desempeñados por los actores humanitarios y militares respectivamente, han hecho posibles unas interacciones globalmente menos conflictivas. Pero el intercambio de información entre estos diferentes actores sigue en el centro de la polémica.

Tras el fin de la Guerra Fría, con la Guerra Total contra el Terrorismo y la multiplicación de las grandes catástrofes naturales, las intervenciones exteriores de las fuerzas armadas de numerosos países se han multiplicado y diversificado, ya sea en el contexto de operaciones de imposición de la paz, de salvaguardia de la paz, de establecimiento de la seguridad o de respuesta a catástrofes naturales.

Para ciertos ejércitos, las cosas son claras: los militares no son personal humanitario. Toda acción de carácter civil no existe que en la medida en que sirve a los intereses de las tropas desplegadas. Para otros ejércitos siempre hay lugar para las confusiones, tanto en el discurso como en la acción. De esta forma, se observa una multiplicación de los QIP (quick impact projects), cuyo impacto humanitario es a menudo limitado, pero cuyas repercusiones en términos de confusión de los géneros son importantes. El más perfecto ejemplo de esta recuperación de la acción civil por las fuerzas armadas la representa el caso de los Equipos de Reconstrucción Provincial (PRT) en Afganistán, cuyos límites empiezan a ser demostrados por toda una serie de informes, incluidos los realizados por investigadores británicos y universidades americanas.

Aparte de estas interacciones, los intercambios de información existen, y no sin riesgos cuando la línea de separación entre intercambio de información e inteligencia militar es tenue. Actualmente existen multitud de lugares de encuentro y de intercambio entre organizaciones humanitarias y militares. Los objetivos y formas de estos intercambios son muy diversos: seguridad, recordatorio del Derecho Internacional Humanitario, necesidades de los civiles afectados, etc.

Pero la temática del acceso e intercambio de información se encuentra a menudo en el centro de las relaciones entre militares y organizaciones humanitarias, ya que se sitúa en el corazón mismo de las decisiones políticas, estratégicas y operacionales. Tres grandes cuestiones se han vuelto cada vez más cruciales: ¿porqué, con quién y cómo intercambiar la información?

Por qué: Hacer llegar la información a los niveles políticos, de forma pública o confidencial es objeto de las prácticas de presión. Se trata de influir sobre los actores políticos y militares. Ciertas grandes intervenciones militares han sido puestas en marcha tras campañas de presión como éstas; es el caso de EUFOR en el Chad, tras las denuncias de OXFAM y de ACNUR. Pero intercambiar información puede también formar parte de la gestión de la seguridad. Si bien es cierto que los militares se esconden demasiado a menudo tras la excusa de la naturaleza « clasificada » de la información para no darla si no es con cuentagotas, poniendo a veces al personal humanitario en situación de alto riesgo, está claro que su conocimiento del terreno y sus sistemas de información les permiten a menudo tener informaciones importantes para la seguridad de los equipos de campo: movimientos de tropas, combates en curso, etc. Para todos, y en especial para el personal humanitario, el intercambio de información es delicado y exige, antes de ser llevado a cabo, una reflexión más profunda sobre los riesgos que implica para las otras partes implicadas, sobre todo la población, los voluntarios que trabajan en el terreno e incluso las mismas fuentes de información.

¿Con quién y cómo? Siendo el intercambio de información una cuestión muy delicada, es importante que pueda realizarse en un contexto bien definido, con reglas y límites claros y compartidos. La puesta en marcha de flujos de información entre personal humanitario y militar exige un enfoque estratégico, con mecanismos flexibles en función de los contextos, adaptados a diferentes niveles de interacción entre instituciones muy específicas según contextos y ámbitos internacionales. El primer aforismo de Hipócrates « primum non nocere » debe ser la regla fundamental.

 

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