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Los niños creadores y creativos de Haití son los auténticos artífices del futuro del país
Daniel Derivois

¿Qué habrán visto los niños haitianos de las catástrofes que devastan el país? ¿Qué comprenden los profesionales de sus modos de expresar la experiencia vivida? Los niños víctimas de catástrofes no siempre están allí donde los vemos. Existe una fractura entre lo que se ve y lo que se muestra, y es en dicha fractura en donde nace la creación, el espacio de lo posible. Los niños creadores y creativos de Haití son los verdaderos artífices del futuro del país.

« …no hace falta contar su secreto en la plaza pública para sentirse mejor ». B. Cyrulnik, 1993.

 Una mirada de psicólogo clínico

¿Qué han visto? Es la primera pregunta que me hice mentalmente cuando, en julio y octubre de 2010, veía un grupo de niños llorar, agitarse, jugar, reír y correr en medio del post-seísmo cotidiano de las calles y campos de alojamiento de Puerto Príncipe, Jacmel, Leogane, Petit Goave y Gonaives. Una pregunta que no tiene gran interés para un psicólogo clínico, que se preocupa más por la realidad psíquica que por lo ocurrido, que trabaja más a partir de lo « vivido » que de lo « visto ». Si el psicólogo clínico trabaja a partir de lo « visto » es porque nos llega siempre transformado, suministrado por el « paciente » a falta de un « visto » originario, en estado bruto, que se mantiene inaccesible, perdido para siempre en su forma inicial.

Pero la fuerza facticia del seísmo del 12 de enero de 2010 en Haití me condujo a plantearme varias veces la misma pregunta. ¿Qué han visto en los edificios desfondados, quebrados? ¿Han visto los cuerpos destrozados por el cemento armado? ¿Y en la televisión? ¿En los servicios de primeros auxilios? ¿Y durante las acciones de ayuda internacional? A medida que me daba cuenta de la imposibilidad de darle una respuesta, la pregunta se fue transformando en mi interior. Ya no se limitaba sólo a los niños, sino que también concernía a todos los que se encuentraban a su alrededor: personal humanitario, periodistas, investigadores, políticos, etc. Ya fueran locales o extranjeros. Y ellos, ¿qué han visto? Preocupados unos por su misión, otros por su objeto de estudio, su temática o su campo de acción, trabajan con los niños, armados con cámaras de televisión, máquinas de fotos, cuadernos de notas, suministros de alimentos o sanitarios, etc. La mayoría se encuentran absorbidos por la urgencia, lanzan sus instantáneas, se apoyan en la realidad cotidiana y siguen su paso. Otros trabajan tomando algo más de distancia. Plantean interrogantes sobre el largo tiempo que hace falta a los procesos que subyacen al tratamiento de los acontecimientos. Se muestra a los niños en pantallas, durante reuniones, en páginas de periódicos o libros que se esfuerzan por hacer inteligible lo que ellos – niños y profesionales – han visto, han vivido.

Del « ¿qué han visto? » pasé al « ¿qué he visto? ». He visto – y sobre todo sentido – una fractura. Entre lo mostrado y lo oculto. Lo actual y lo actualizado. El primer plano y el detalle. Lo dicho y lo para-dicho. Los niños no siempre se encuentran ahí donde los vemos. El espacio y el tiempo de sus experiencias no corresponden necesariamente al momento ni al lugar en el que los vemos. La mirada del psicólogo clínico pretende ser actual al mismo tiempo que lejana, profunda, trans-histórica, trans-geográfica, trans-generacional. Se centra en el « espacio transicional », el « área intermedia de experiencia » (Winnicott, 1975), el lugar de la experiencia cultural, de la creación y de la creatividad en general. Un lugar que escapa a la mirada de la emergencia humanitaria y de la ayuda internacional. Un « espacio potencial » que exige cierta predisposición psíquica, emocional, una postura descentrada, para apreciar el trabajo de transformación de las vivencias y la emergencia de lo posible.