Los niños creadores y creativos de Haití son los auténticos artífices del futuro del país
Daniel Derivois
Una investigación sobre la resiliencia y el proceso creador
Estas preguntas están en el centro de nuestra investigación sobre la resiliencia y el proceso creador en los niños y adolescentes haitianos víctimas de catástrofes naturales. Se trata de un proyecto ambicioso, ya que implica ir más allá de las catástrofes naturales en sí mismas, en busca de la experiencia subjetiva de lo vivido, sus soportes de expresión y sus condiciones de atribución de sentido. Como acontecimientos de gran envergadura y causas potenciales de traumas, las catástrofes naturales abren una brecha en las psiques colectivas e individuales, trayendo a la superficie otros acontecimientos que se encontraban en espera de signos.
Al reactivar otras catástrofes (políticas, sanitarias, humanitarias…) en las psicologías individuales y colectivas, las catástrofes naturales desestabilizan y fragilizan a los niños, las familias, las instituciones y el Estado haitiano. Unos de los objetivos de nuestra investigación es el de analizar lo que les hace aguantar a pesar de las insuficiencias de para-excitación por parte de las instancias encargadas de ayudarles. También se trata de evaluar la forma en la que tratan (la forma en la que simbolizan) la herencia traumática actual y de las generaciones anteriores e identificar los recursos disponibles para el futuro.
Tal es la razón por la cual hablamos de resiliencia, noción que vale para todo y en plena inflación ideológica, pero para la cual intentaremos construir un modelo descriptivo, estudiando principalmente la percepción que los niños tienen de distintos estratos de su entorno: desde la familia hasta la comunidad internacional, pasando por el entramado asociativo, las instituciones de cuidados médicos, la escuela, los lugares de culto, las ONG y el Estado. Estos estratos son considerados como tutores potenciales de resiliencia, es decir, medios humanos susceptibles de ofrecer una ayuda para la elaboración de las experiencias difíciles y la reconstrucción de los apoyos.
En cuanto « trabajo de reorganización interna que proviene de una pérdida de los apoyos y que instaura un nuevo apoyo » (Anzieu, 1979), el proceso creador ocupa un lugar central en esta creación de un modelo descriptivo, cuya vocación es la de hacer inteligibles las condiciones de posibilidad de una superación a largo plazo y esclarecer el camino de la resiliencia. ¿Cómo podemos acceder a experiencias que trascienden generaciones enteras? ¿Cómo analizar, a partir de lo que se muestra, lo que se pierde? ¿Lo visto y sentido a partir de lo expresado?
De la misma forma que lo expresa el cantante haitiano Belo en su canción « Ti moun yo » (los niños): « Si’w te ka pale ak dlo ki nan je’m/Li ta di’w kisa’m genyen le’m ap kriye san rete/Si’w te ka pale ak batman ki nan kè’m/ Li ta di’w kisa’m pè, kè’m palpite tout tan » [2]. El reto es considerable. Habrá que elaborar métodos susceptibles de descifrar el mensaje de las lágrimas y del ritmo de los latidos del corazón. Al hacerse el portavoz de los niños, Belo deja ver la expresión de lo infantil, esos restos inconscientes que infiltran los significantes lingüísticos, sonoros, corporales, etc. y con los que compone su creación. Este artista dice al mundo lo que sienten los niños en su intimidad, actualiza relatos traumáticos sobre la escena social del sentido y la simbolización.
La creación es un lugar de condensación y sublimación de lo visto, oído, vivido… y de lo sentido en general. Nuestro enfoque clínico, dispuesto a agarrar al vuelo la menor expresión creadora del niño, descansa precisamente en este conjunto complejo, marcado por lo inesperado e imprevisto.
[2] « Si pudieras hablar con las lágrimas que surgen de mis ojos / ellas te dirían lo que siento cuando lloro sin cesar / Si puedieras hablar con los latidos de mi corazón / te dirían de qué tengo miedo, mi corazón palpita en permanencia »









