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Los olvidados de la ayuda de post-emergencia, las ciudades: ¿cuál es la responsabilidad de los actores de la ayuda a la reconstrucción? El caso de Afganistán
Béatrice Boyer

Urbanización descontrolada, terrenos expoliados, competencias y herramientas urbanísticas obsoletas. Afganistán acumula impactos y factores de crisis en ciudades con identidades bien arraigadas pero con dinámicas de gobierno inexistentes o desviadas. ¿En qué punto se encuentra el proceso de reconstrucción urbana? ¿Qué hacen las organizaciones internacionales presentes y qué podría hacerse?

 Las ciudades, ¿víctimas o terrenos propicios para las crisis?

De forma ineludible, la urbanización mundial se desarrolla de forma acelerada. Ya sea como consecuencia de fenómenos económicos, culturales, climáticos o conflictivos, los movimientos de población en dirección de las ciudades aumentan. En un plazo bastante corto, hacia 2020, cerca del 80% de la población mundial será urbana y vivirá en los países pobres o emergentes. Como resultado de esta presión demográfica, las ciudades, que proliferan extendiéndose en zonas periféricas o urbanizaciones informales, presentan sistemas urbanos estructuralmente frágiles especialmente sensibles en caso de confluencia de varias crisis.

En diferentes contextos urbanos de post-catástrofe o post-conflicto, las observaciones y análisis de las acciones humanitarias muestran que los actores de la post-emergencia, obligados a intervenir en los procesos de ayuda a la reconstrucción, se encuentran generalmente poco preparados para afrontar la complejidad de los contextos urbanos. Por otro lado, en estos contextos frágiles, las autoridades locales mismas se encuentran desorientadas por los fenómenos urbanos y completamente superados por los efectos de la crisis, mientras que los sectores privados, a menudo más dinámicos a pesar o gracias a la crisis, operan y ejercen una presión sobre la ciudad en ausencia de responsabilidades institucionales técnico-administrativas claras. En cuanto a los actores de la ayuda al desarrollo, o a los profesionales de las políticas urbanas y del urbanismo, éstos se encuentran ausentes de los procesos y sólo intervienen una vez que las situaciones son estables y seguras. Por esta razón, en esta ambigüedad, especie de etapa gris entre post-crisis y pre-desarrollo, en medio de este complejo juego de configuración de actores susceptibles de intervenir en la mejora de las condiciones de vida en la ciudad, surge un principio de incertidumbre, si no de impotencia. En general, se produce incluso una reorientación de la financiación y de la acción hacia otros contextos mejor conocidos de lucha contra las vulnerabilidades, como son el medio rural o los ámbitos de la salud o de la educación, en los que las competencias de la ayuda se encuentran más desarrolladas. La ciudad es demasiado inquietante.

Ahora bien, aunque los contextos urbanos son complicados de aprehender, especialmente en tiempo de emergencia o de crisis, toda ausencia de intervención o inadecuación de las acciones emprendidas puede generar nuevos desequilibrios que aumentarían las dificultades de los habitantes. Estas nuevas crisis, « crisis urbanas » aumentan la fragilidad de la situación y agravan el malestar de una población densa en un espacio restringido. Las dificultades multiplican a corto plazo los obstáculos para salir de la crisis: descontento político, miseria económica, inestabilidad de los vínculos sociales, insuficiencia de los recursos accesibles, inseguridad alimentaria, vulnerabilidad en términos de higiene, especialmente en lo concerniente al agua potable. Estas ciudades degradadas, que sufren de una hipertrofia aguda, reproducen a un nivel profundo gran número de fenómenos de desintegración social, desequilibrio o injusticia económicos, costes adicionales de los equipamientos y servicios urbanos o contaminación medioambiental irreversible.

La ciudad, espacio de todas las acumulaciones, es también un impulsor formidable y poderoso para una evolución positiva de las sociedades. Los sistemas de ayuda para las acciones de salida de crisis en contexto urbano deben ser objeto de una gran atención, de análisis técnicos e innovaciones para compartirlos ampliamente a partir de los diferentes ámbitos profesionales e internacionales, que ya desarrollan una gran actividad sobre el problema urbano. Con el fin de ofrecer algunas claves para adaptar mejor la reflexión y la acción a los contextos urbanos afectados por las crisis, parece necesario realizar un auténtico trabajo de clarificación y de intercambio en torno a estas situaciones. El caso de la situación urbana en Afganistán varios años después de la llegada de la ayuda internacional constituye un buen terreno de análisis.