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Los tres pilares del espacio humanitario en el Chad oriental
Olivia Collins - François Grünewald

 

 El pilar del derecho

Como signatario de los Convenios de Ginebra de 1949 y de los protocolos adicionales de 1977, alta parte contratante de las convenciones sobre los refugiados de 1951 (Ginebra) y 1964 (convención de la OUA [1]), miembro de la OUA, miembro de la Organización de las Naciones Unidas y, por último, responsable del respeto del derecho y del orden en el territorio nacional, el Estado chadiano es, evidentemente, el actor soberano fundamental de la preservación del espacio humanitario.

En esta zona del Chad, el sistema de justicia moderno encuentra numerosos obstáculos en su camino. No obstante, cuando los gobernadores se movilizan junto a los prefectos y la policía, ello puede arrojar muy buenos resultados, como se demostró en marzo de 2009 en Abeche, tras la creación de patrullas y de puestos nocturnos fijos para la policía.

El papel de las autoridades nacionales en la lucha contra la percepción de una impunidad de ciertos responsables de la violencia es primordial a la hora de evitar que haya demasiados delincuentes conocidos en libertad y que demasiados ladrones arrestados sean liberados. El DIS hubiera podido desempeñar un papel importante si no se encontrara debilitado como consecuencia de una logística inadecuada y ciertas tensiones con los demás servicios de policía y gendarmería. MINURCAT se encargará de la formación del DIS hasta la expiración de su misión (31 de diciembre de 2010).

En numerosas zonas del este chadiano, el derecho tradicional y sus diferentes formas específicas siguen siendo una referencia primordial. El papel de los sultanes, jefes tradicionales e imanes en la gestión de las disputas, conflictos relativos a la propiedad de la tierra, problemas de antagonismo entre agricultores y ganaderos resulta inestimable pero muestra sus límites frente a las formas organizadas y mafiosas de extorsión territorial y la proliferación de armas ligeras en la región. En una situación en la que es preciso encontrar un punto intermedio entre sistemas tradicionales y modernos de justicia, debería ser posible crear mecanismos de justicia transaccional. Las cuestiones relacionadas con la propiedad de la tierra plantean problemas delicados de los cuales las ONG comienzan a ser conscientes pero que aún no saben bien cómo tratar [2].

El este del Chad es una zona compleja en la que intervienen diferentes niveles de aplicación del Derecho Internacional Humanitario [3], ya que el derecho aplicable depende en gran medida de la calificación que se le dé a la crisis. En esta zona existe toda una gama de situaciones « infra-DIH », es decir, contextos que, a pesar de no ser situaciones clásicas de conflicto armado, constituyen situaciones de una gran violencia: enfrentamientos armados en torno a las cuestiones agro-pastorales, etc. En dichos contextos, el DIH y sus raíces ofrecen un « espíritu » y modalidades de diálogo en torno a las diferentes formas de enfrentamientos armados vinculados a los conflictos por el control de los recursos. No obstante, se trata de un ámbito en el que la ley chadiana y las reglas tradicionales de resolución de conflictos constituyen el principal marco de referencia.

Al principio, la población chadiana acogió a los refugiados de forma generosa en los años 2003-2004, respetando así cierta tradición africana de hospitalidad. Muy rápidamente, hizo su aparición la movilización internacional en torno al derecho de los refugiados. Las dificultades concernientes al espacio humanitario son considerables: proximidad de los campos de refugiados respecto de la frontera, presencia de hombres armados en los campos de forma recurrente, cuando no se trata del reclutamiento de niños soldados.

La situación actual también debe ser interpretada bajo el marco de las diferentes resoluciones de las Naciones Unidas y de su seguimiento por parte del Secretario General (informes regulares sobre el Chad y la RCA dirigidos al Consejo de Seguridad). Y en especial la resolución 1778 del 25 de septiembre de 2007, que aprueba el establecimiento en el Chad y la República Centroafricana de una presencia multidimensional destinada « a ayudar a crear las condiciones de seguridad necesarias para el regreso voluntario, seguro y sostenible de los refugiados y los desplazados, entre otras cosas contribuyendo a la protección de los refugiados, los desplazados y los civiles en peligro, facilitando la prestación de asistencia humanitaria en el este del Chad (…) y creando condiciones favorables a la reconstrucción y el desarrollo económico y social de esas zonas ». MINURCAT, con su misión de garantizar la seguridad y protección de los civiles y contribuir al respeto de los Derechos Humanos y al restablecimiento de un Estado de derecho, había sido creada. Pero tres años después, los resultados son bastante modestos. El impacto sobre la seguridad es mínimo, la confianza de los chadianos se encuentra muy mermada y las críticas de las organizaciones humanitarias son abundantes. Para responder a las inquietudes de la comunidad humanitaria en lo concerniente a su seguridad y a la de los civiles afectados tras la retirada de la MINURCAT, el gobierno quiere demostrar su compromiso y tranquilizar a la opinión explicando el dispositivo de tres niveles creado por él para garantizar la seguridad en el Este del Chad.


[1] Organización para la Unión Africana.

[2] Por ejemplo, cuando las ONG distribuyen árboles frutales a las personas desplazadas o a los refugiados, ello representa un peligroso juego con las reglas de apropiación de la tierra.

[3] En materia de riesgos y de sus implicaciones en términos de DIH, pueden considerarse dos escenarios « de catástrofe » : Los ataques procedentes de Sudán, susceptibles de provocar un enfrentamiento entre la ANT y el ejército sudanés, pueden presentar un riesgo de conflicto armado internacional (CAI) para el que las Convenciones de Ginebra se aplican en su totalidad; La existencia de una fuerza armada internacional con sólidas reglas de intervención militar (Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas) crea una situación de facto que podría desembocar en enfrentamientos entre las fuerzas de MINURCAT y ciertos grupos armados.