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Mejorar la ayuda humanitaria: un programa transatlántico de acción
Andrea Binder - Kai Koddenbrock - Julia Steets

Los recientes cambios políticos en Estados Unidos y en Europa podrían propiciar nuevas oportunidades para mejorar la cooperación humanitaria. Aunque ello permita superar sus antiguas divergencias y mejorar el aprendizaje colectivo, semejante vínculo entre ambos continentes no debería acentuar los efectos negativos de la preponderancia « occidental » del sistema humanitario actual. A partir de reflexiones sobre las formas que podría tomar la cooperación humanitaria, este artículo ofrece algunas pistas para integrar mejor lo aprendido de la experiencia y mejorar las relaciones entre emergencia, rehabilitación y desarrollo.

 Intervención de urgencia y preparación: un desafío mundial común

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el número de emergencias que el sistema humanitario internacional ha tenido que afrontar no ha dejado de aumentar. Esta tendencia debería acentuarse en razón de los efectos del cambio climático para, conjugada al crecimiento de la población y a la urbanización, afectar a un número creciente de personas. En las últimas décadas, las actividades de intervención de emergencia han mejorado su eficacia, provocando una disminución de las muertes relacionadas con las catástrofes y una mejora general de la ayuda ofrecida a las víctimas de conflictos y emergencias complejas. Esto se debe en parte a la optimización de los sistemas de intervención de urgencia nacionales, la profesionalización de las agencias humanitarias y al consiguiente aumento de los recursos atribuidos a la ayuda humanitaria, evaluados, como mínimo, en 12 mil millones de dólares americanos al año [1].

De forma paralela, una grave crisis de identidad disminuye las capacidades de intervenciones racionales y coherentes a disposición de las organizaciones humanitarias para afrontar estos retos. El sistema humanitario actual se funda en los principios de humanidad, imparcialidad, neutralidad e independencia. Estos principios son duramente puestos a prueba por los obstáculos que impiden a las organizaciones humanitarias ofrecer una respuesta eficaz y adecuada a las necesidades. La naturaleza de los conflictos ha cambiado y tiende a diluir las diferencias entre combatientes y civiles; las organizaciones humanitarias se encuentran más a menudo con expectativas de que su acción sirva para combatir las causas estructurales de los problemas humanitarios, especialmente en caso de crisis prolongada. En consecuencia, asistimos a la concepción de enfoques integrados que pretenden vincular la ayuda humanitaria a la ayuda al desarrollo y requieren de la participación de los actores militares y políticos en las actividades de intervención [2].

Las organizaciones humanitarias, incluidos los donantes y sus colaboradores humanitarios, tendrán que tomar decisiones radicales para salir de esta crisis de identidad. Existen tres opciones. La primera consiste en volver a una interpretación estricta de los principios humanitarios, aceptar una misión reducida que no abarcaría ni el refuerzo de las capacidades locales, ni los problemas estructurales ni el LRRD [3]. Otra alternativa es la de extender su misión a actividades diferentes o del mismo tipo que permitan responder a una mayor gama de necesidades de los afectados, al aceptar, al mismo tiempo, que ello haga desaparecer las diferencias entre la ayuda humanitaria y otros tipos de políticas, además de acentuar los problemas de acceso y de seguridad. La última opción consiste en conservar el enfoque actual y común de « improvisación estratégica confusa », y afirmar la estricta adhesión de la comunidad humanitaria a sus principios fundadores al mismo tiempo que se amplía, en la práctica, el campo de sus actividades y misiones. Sin embargo, las organizaciones humanitarias deberían aceptar, en este último caso, la pérdida de credibilidad y los problemas operacionales generados por las contradicciones inherentes a este enfoque.


[1] En 2008, el sistema de seguimiento financiero de la oficina de coordinación de asuntos humanitarios (OCHA, en siglas inglesas), accesible en la dirección web: http://www.reliefweb.int/fts (última actualización hecha en junio 2009), declaró un total igual a 12 mil millones de dólares americanos. Otras estimaciones anuncian sumas mayores, cf. por ejemplo en Development Initiatives, Global Humanitarian Assistance 2007/2008 (Somerset: 2008).

[2] El « espacio humanitario » es un concepto que subraya la importancia de la neutralidad y la independencia de las organizaciones humanitarias en relación a las fuerzas armadas y políticas que les autoriza a ofrecer una ayuda vital a los civiles necesitados, ya sea de un lado u otro del conflicto.

[3] Del inglés Linking Relief, Rehabilitation and Development (LRRD, vinculo entre ayuda de emergencia, rehabilitación y desarrollo) (Nota del traductor).