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Mejorar la participación de las poblaciones en la acción humanitaria
Véronique de Geoffroy - François Grünewald

Resultado del estudio del principio 7 que « Invita a los organismos encargados de la ejecución de la ayuda humanitaria a garantizar, en la medida de lo posible, una participación adecuada de los beneficiarios en la concepción, la realización y la evaluación de la respuesta humanitaria. »

Resumen ejecutivo de los estudios realizados por el Groupe URD por encargo de la DAH / Centro de Crisis francés / MAEE en el contexto del diálogo interfinanciadores.
Lo que se conoce como Good Humanitarian Donorship Initiative (GHDI), es decir la buena donación europea, ha sido iniciado por los proveedores de fondos miembros de la OCDE en junio de 2003, en Estocolmo. Responde a la voluntad de encontrar un acuerdo sobre una orientación común de la asistencia humanitaria y de mejorar la coherencia de los financiadores en torno a principios esenciales, con el fin de hacer más eficaz y organizada la acción humanitaria. 23 principios explican y clarifican una definición común de la ayuda humanitaria, fundada en los principios de humanidad, imparcialidad, neutralidad e independencia. Entre otros, subrayan criterios como la adecuación de los financiamientos a las necesidades, la necesaria participación de la población civil, reconocen la necesidad de flexibilidad de los financiamientos, etc. sin por ello enunciarlos como criterios de calidad.

 El paradigma de la participación

Durante largo tiempo, se ha considerado la acción humanitaria como una forma de caridad que el Norte garantizaba a la población de países devastados por conflictos o catástrofes naturales mientras que el paradigma de la participación ya había sido adoptado por el sector del desarrollo. Finalmente, las organizaciones humanitarias han hecho el balance de sus experiencias y han comenzado a reconocer el papel de la sociedad civil y de las organizaciones locales así como de la población en la puesta en práctica de la ayuda por medio de procesos participativos. La reciente serie de evaluaciones de las respuestas a las catástrofes naturales, que incluye el trabajo de la Tsunami Evaluation Coalition (TEC), la evaluación de la respuesta al terremoto de Pakistán de 2005, algunas evaluaciones en tiempo real específicas después de diferentes huracanes en Asia, América Latina y el Caribe, además de otros trabajos llevados a cabo por la ISDR (International Strategy for Disaster Reduction), ha demostrado hasta qué punto resulta esencial en los contextos de catástrofes naturales, en los que la población es a menudo la primera en ofrecer ayuda. Este hecho se hizo aún más patente durante el tifón Nargis en Myanmar ya que la mayor parte de las organizaciones internacionales eran, en gran medida, incapaces de intervenir. Ahora bien, miles de personas sobrevivieron gracias a las acciones de las pagodas de la vecindad, de los voluntarios nacionales de la Cruz Roja y de todos los que estaban dispuestos a ayudar a sus vecinos.

No obstante, una cosa es reconocer la importancia de la participación y otra muy distinta ponerla en práctica, sobre todo en circunstancias vinculadas a conflictos complejos. Cierto número de principios guían la acción humanitaria, principalmente los principios humanitarios de independencia, imparcialidad y neutralidad. Por otra parte, diversas circunstancias la condicionan fuertemente: gestión del tiempo y de la necesidad de actuar rápidamente, demanda creciente de rentabilidad financiera, alto nivel de turbulencia en gran parte de los contextos. Todos estos factores son frenos potenciales para las prácticas participativas.

Los financiadores son actores decisivos ya que las obligaciones que ellos imponen a las organizaciones o la rigidez de sus métodos de atribución de fondos pueden hacer aún más difícil la adopción de un enfoque participativo. Por ello, resulta extremadamente positivo el hecho de que la Good Humanitarian Donorship Initiative (GHDI) incluya este tema en su Principio 7: « Invitar a los organismos encargados de la ejecución de la ayuda humanitaria a garantizar, en la medida de lo posible, una participación adecuada de los beneficiarios en la concepción, la realización, el seguimiento y la evaluación de la respuesta humanitaria. »


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