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¿Para qué sirve la evaluación? Los eslabones perdidos en la evolución de los actores humanitarios.
Hugues Maury

Los actores humanitarios han aceptado progresivamente el concepto de evaluación de su acción para luego ponerlo en práctica, siendo la finalidad de la evaluación la de aprender y mejorar las prácticas. Desgraciadamente, esta evolución favorable no es siempre observada: ¿cuáles son los “eslabones perdidos” que habría que añadir en la práctica para que el proceso de evaluación produzca los beneficios esperados?

« Se ha escrito todo pero no todo ha sido leído » Prof. R. Perelman.

Hoy en día, todos los actores humanitarios coinciden en describir la evaluación como una importante oportunidad para aprender y progresar (más que para poner una nota o sancionar). Hay que alegrarse entonces de que los operadores de la ayuda humanitaria y los proveedores de fondos sean testigos desde hace unos doce años una evolución significativa en su ejercicio, que ahora integra, de forma casi sistemática, procesos de evaluación, durante o al final de los programas.
La red ANALP ha desempeñado un papel importante en este proceso: difusión del interés y de la importancia del concepto, de métodos y de formaciones prácticas, meta-análisis didácticos de las evaluaciones realizadas. Otros actores a nivel internacional, los proveedores de fondos (DG ECHO especialmente), instituciones como ACNUR o World Vision (pionero del “After Action Review”), además de diferentes equipos de investigación y de evaluación como Groupe URD, también han desempeñado un papel significativo en la diversificación de los métodos y de los enfoques, con el fin de no restringirse al proceso de evaluación estándar y dar una mejor respuesta a las necesidades de los equipos. De esta forma, Groupe URD ha podido participar en la diversificación de las modalidades de evaluación, con el lanzamiento tras el huracán Mitch en 1998 de los primeros mecanismos de evaluación en tiempo real, multiplicando los procesos del tipo « observatorio de prácticas » (en Afganistán de 2002 a 2008 y actualmente en fase de preparación en el Chad). Sin embargo, aún cuando se observa una evolución de las evaluaciones realizadas y de los enfoques adoptados, la calidad de éstos deja aún mucho que desear, según ANALP (véanse las meta-evaluaciones regulares publicadas en el sitio web de esta organización: www.alnap.org). Lo que es aún más preocupante, el impacto de las evaluaciones sobre los cambios en las prácticas de los diferentes actores no es tan importante como lo esperaban los promotores de la sistematización de los procedimientos de evaluación: « evaluation and the identification of lessons has not led to the system-wide improvements in performance anticipated in 1997…» [1].

Llegados a este punto, nos podemos preguntar sobre la efectividad de la herramienta « evaluación » como motor del sistema: ¿realmente hay una capacidad de aprender y de progresar gracias a las evaluaciones? El riesgo sería que estas últimas se conviertan en un proceso ritual, « reglamentario », impuesto por los proveedores de fondos y las diferentes instancias de decisión, preocupados por la transparencia y lo « políticamente correcto », pero sin consecuencias reales para las prácticas humanitarias. ¿Cuáles son entonces las evoluciones que hay que introducir para hacer de dichas evaluaciones verdaderas herramientas del cambio? ¿Dónde buscar los « eslabones perdidos » que permitan explicar ese impacto relativamente limitado de las evaluaciones sobre el servicio ofrecido a los beneficiarios?


[1] SANDISON, Peta; ROBERT, Pierre; THE PERFORMANCE ASSESSMENT RESOURCE CENTRE; VALID INTERNATIONAL, Evaluation of the Department of International Development’s Support to The Active Learning Network for Accuntability and Performance, DFID, diciembre de 2004, p. 53. Accesible en http://www.dfid.gov.uk/aboutdfid/performance/files/aclearnnet.pdf