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Estrategias de lucha contra la red de los opiáceos en Afganistán: ¿Estamos en el buen camino?
Charlotte Dufour - Domitille Kauffmann - François Grünewald

 

 Los programas de lucha contra la producción de opio

Los programas de desarrollo

Los programas de desarrollo rural tienen un papel central en la estrategia nacional. El enfoque de estos programas ha sufrido una serie de cambios progresivos. En primer lugar y siguiendo el ejemplo de otros países, los actores han intentado introducir cultivos alternativos que podrían entrar en competencia con la adormidera. Aunque ciertos cultivos, como el azafrán, han tenido cierto éxito, la puesta en práctica de estos programas – a menudo realizados al nivel de programas piloto – han tropezado numerosas dificultades, sobre todo a la hora de establecer cadenas de producción y distribución perennes.

Estos cultivos están integrados en programas más « completos » – llamados programas de « desarrollo de medios de existencia alternativos » (Alternative livelihoods) – que integran una amplia gama de actividades, desde el apoyo a las instituciones o el desarrollo de sectores agrícolas y actividades generadoras de ingresos hasta la rehabilitación de las infraestructuras. Estos programas han permitido realizar mejoras y progresos evidentes en términos de desarrollo económico en ciertas provincias e incitado a los campesinos a abandonar el cultivo de la adormidera – al menos de forma temporal –, pero resulta difícil afirmar si han producido o no efectos a largo plazo sobre la producción de opio. La eficacia de estos programas presenta numerosos puntos débiles: duración demasiado corta para poder garantizar el éxito y la perennidad de las cadenas de producción y distribución; objetivos que a menudo resultan demasiado ambiciosos respecto a las capacidades de los actores, falta de coherencia en las diferentes actividades puestas en práctica; bajo nivel de integración en las dinámicas locales y programas nacionales; selección inadecuada de los beneficiarios en referencia al problema del cultivo de adormidera.

Tras estas experiencias poco concluyentes, la mayoría de los proveedores de fondos han cambiado de estrategia: la moda de los programas de « alternative livelihoods » está dejando paso al « mainstreaming » de la lucha contra la adormidera en los programas de desarrollo agrícola y rural. Bajo este punto de vista, tres sectores resultan especialmente interesantes: la agricultura, las infraestructuras y los servicios financieros. Los programas deberían permitir la creación de sectores agrícolas perennes (sobre todo los de producción de frutas y la ganadería), de alto valor añadido, con un abastecimiento en abonos, semillas y productos fitosanitarios y un sistema de irrigación asegurados, y el acceso a los mercados y servicios públicos, al mismo tiempo que se crean oportunidades de empleo a corto plazo en el sector de la construcción, el acceso al crédito y, de esta forma, una lucha más eficaz contra el tráfico de opiáceos, al modificar los factores que hoy en día constituyen sus principales puntos fuertes.

Se han creado varios mecanismos de financiación para facilitar el desembolso y gestionar mejor la repartición de la ayuda al desarrollo en el marco de la lucha contra los cultivos de amapola. En la práctica, estos fondos han contribuido principalmente a financiar los grandes programas nacionales del gobierno. El más importante de todos ellos, el Counter Narcotics Trust Fund (CNTF), no ha alcanzado sus objetivos – pocos fondos movilizados, pocos vínculos entre los programas financiados y la lucha contra la droga –, y no ha sido renovado. El Good Performer’s Initiative otorga una ayuda a las provincias en las que no se cultiva, o se cultiva poco (menos de 100 ha), la adormidera. Este mecanismo ha obtenido más éxito a pesar de los problemas de transparencia. Una nueva iniciativa, la Comprehensive Agriculture and Rural Development Facility (CARD), se propone integrar mejor los programas nacionales en los sectores agrícola y de desarrollo rural a escala local. Sin embargo, las dificultades de gestión, los costes de funcionamiento y las restricciones en términos de recursos humanos exponen CARD a los mismos riesgos que el CNTF.