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Puerto Príncipe, catástrofe urbana – crisis humanitaria
Béatrice Boyer

 

 ¿Cuál es la situación un año después?

Objetivos no alcanzados y progresos poco visibles plantean ciertos interrogantes sobre las modalidades de la ayuda.

La ciudad de Puerto Príncipe aún se encuentra obstruida por los escombros. Acciones aisladas de reconstrucción aparecen por aquí y allá, pero se trata más de intervenciones privadas e individuales que de programas de alojamiento masivo. La auto-reconstrucción empieza a aparecer en las zonas tanto urbanas como rurales, en las que los haitianos, cansados de esperar, emprenden ellos mismos los trabajos de construcción. Más de mil campos de lona se encuentran aún en pie, en la capital y otras ciudades afectadas del litoral [2], con más de un millón de personas desplazadas de sus lugares de procedencia, ya sea como consecuencia del seísmo o de los beneficios de la ayuda internacional. Parece ser que esta situación se prolongará en 2011, ya que, aunque pueden comenzarse las reconstrucciones o reparaciones in situ, para el caso de propietarios de terrenos bien identificados, las situaciones son mucho más complicadas para alojar a aquellos que vivían en alquiler y no poseen ningún terreno o a los habitantes de zonas ilegales o peligrosas. La complejidad crece con la ausencia, hasta el día de hoy, de directivas estipuladas por las estrategias de evolución de la ciudad, es decir, sobre la legalización de los barrios clandestinos desfavorecidos.

« El fiasco del campo Corail » o el nacimiento de nuevos barrios clandestinos.

Las respuestas humanitarias, en tanto que lógicas autónomas no contextuales, pueden contribuir, a pesar suyo, a amplificar ciertos problemas, como son en este caso los mecanismos de presión de una urbanización no controlada. El hecho de haber desplazado una parte de la población a un ‘lugar disponible’ al norte de la ciudad, una especie de no man’s land desértico, alejado de todo, ha producido el efecto paradójico de resolver un problema creando otro. Un auténtico efecto de atracción ha llevado a numerosas familias, víctimas o no, a instalarse progresivamente en los alrededores del campo, ocupando los terrenos vecinos. Dicha atracción no sólo ha arrastrado a personas procedentes de los barrios de Puerto Príncipe afectados por el seísmo, sino a un gran número de familias de regiones muy pobres. El proceso de asistencia de la población por medio de un campo de alojamiento, que facilita a los agentes de la ayuda las tareas de distribución, ha provocado, de esta forma, un fenómeno de urbanización espontánea ilegal. Ocupaciones de terreno tienen lugar a diario en torno al campo, lo que ha hecho que la población instalada en dicho asentamiento pase de unas 5000/8000 personas instaladas de forma provisional a cerca de 30 000 [3], unas cifras que se encuentran en constante evolución. Progresivamente, estas personas se instalan de forma perenne en terrenos que no se encuentran preparados a estos efectos. Las estructuras de la ayuda [4] que se encuentran a la cabeza del campo se ven en la incapacidad de hacer frente a las necesidades de tal cantidad de personas. Aunque se puede decir que las organizaciones humanitarias, en búsqueda de terrenos disponibles, no han hecho más que responder a la visión de un gobierno que deseaba ver extenderse la ciudad hacia estas zonas, aprovechando así la ocasión para iniciar el proceso, no por ello se encuentran desprovistos de responsabilidad en la reproducción del principal problema urbano en Haití: la urbanización ilegal e informal, sin ordenación alguna.

El caso de los escombros:

La paralización del proceso de reconstrucción urbana a causa de la presencia de escombros es una realidad. Pero a pesar de las soluciones radicales, propuestas por los americanos, de desescombro a fuerza de máquinas pesadas y un sistema de relevo de camiones, el problema no es de orden técnico. Arrasar barrios enteros por medio de bulldozers, como ha empezado a hacerse en el barrio informal de Fort National, en las proximidades del Palacio de la Presidencia, plantea, por lo menos, tantos problemas como los que resuelve. Tras unas cuantas pasadas de las máquinas desaparece una gran parte del barrio, llevándose consigo sus solidaridades sociales, sus límites de propiedad, de uso, las experiencias vividas, a veces incluso con cuerpos de seres queridos aún enterrados bajo los escombros… Aunque dicha operación, según la voluntad del Presidente Préval, de reconstrucción de un barrio a partir de esta tabula rasa resulta posible desde un punto de vista técnico, un gran número de cuestiones insolubles de identificación amenazan con complicar durante mucho el proyecto - ¿Quién vivía dónde? ¿Quién era propietario de qué? ¿Dónde se encontraban los límites de dicho hábitat? Finalmente, el proceso consiste en evacuar a un sector de la población para atribuir el espacio a otras personas y según modelos diferentes. El descontento de unos y los interminables recursos presentados por los otros, sin contar el peligro de las reivindicaciones de las bandas armadas del resto del barrio, van a crear un contexto social y político muy complejo y potencialmente explosivo. La decisión haitiana, más prudente, concerniente a la ciudad en su globalidad ha sido la de aprovechar la situación para poner en marcha un proceso de « Dinero a cambio de Trabajo » [5], puesto en práctica por la práctica totalidad de las ONG presentes, cuyos beneficiarios directos son los habitantes mismos. Pero la lentitud de palas y carretillas, la realidad del bajísimo aporte financiero por familia y las demoras en las tareas de desescombro, sin contar con el problema de escasez de terreno disponible en la ciudad para acumular los despojos, obligan a revisar todo el proceso. Para acelerar esta fase preparatoria de la reconstrucción [6], están siendo estudiadas diferentes alternativas de solución mixta: contratos con empresas, actividades de habitantes, estrategias de reutilización de los escombros para la confección, in situ, de materiales triturados y albañilería confinada [7].

El caso del alojamiento: ¿tiendas de campaña, refugios del tipo ‘caja para dormir’ o la reintegración en barrios residenciales?

El Grupo Sectorial de la ONU ‘Refugios y Artículos no Alimentarios’ [8] se ha mostrado muy reactivo bajo la dirección de la Federación Internacional de la Cruz Roja en la primera fase, durante los largos meses de la post-crisis, movilizando de forma casi semanal a un gran número de agentes para el suministro coordinado de refugios de urgencia (lonas, tiendas de campaña) y, más tarde, para la fabricación de refugios de transición. Muchas de las organizaciones participan en estas tareas [9]. A pesar de las dificultades para el suministro internacional de materiales (tiendas de campaña), estos organismos garantizan un seguimiento minucioso para prevenir y paliar las necesidades, sobre todo en época de ciclones. Pero el paso del suministro de tiendas de campaña a la construcción de refugios de transición resulta mucho más lento y complicado, como lo es, con mayor razón, dar el paso hacia construcciones duraderas. Actualmente, esta coordinación se encuentra concentrada en el suministro de refugios de transición, que lleva mucho retraso. Esta acción encuentra a su paso muchas dificultades, de forma paralela a los numerosos esfuerzos para conseguir una buena calidad técnica en términos de resistencia a los ciclones, parasismicidad, adaptabilidad a diferentes terrenos… Aproximadamente un tercio de los 110 000 refugios previstos parecen haber sido construidos. El suministro de material, sometido a retrasos y bloqueos en las aduanas, la prefabricación extranjera de las piezas que deben ser montadas, la producción de unidades uniformes raramente ajustables, la formación de equipos especializados en el montaje, no han contribuido a generar el dinamismo esperado para la reconstrucción, sobre todo cuando la instalación de dichos refugios plantea un gran número de problemas de legitimidad inmobiliaria. Además, el modelo de un hábitat repetitivo constituido por volúmenes del tipo ‘casa’, instalados horizontalmente, unos junto a otros, no corresponde con los volúmenes de vivienda urbana, que tienden a imbricarse de forma vertical a causa de la densificación.

 

La aceleración de las auto-reconstrucciones, el escaso impacto sobre el sector constructivo haitiano, las parálisis en el funcionamiento urbano, junto a la entrega esporádica de unidades de habitación mínimas plantean cuestiones sobre la capacidad para tomar en cuenta la dimensión urbana en la respuesta humanitaria.


[2] Gressier, Léogâne, Petit-Goave, Jacmel

[3] Ciertas personas hablan incluso de 100 000.

[4] IOM, OXFAM…

[5] En ingles: Cash for Work (CFW).

[6] Sólo el 2% de los escombros de Puerto Príncipe había sido evacuado en el mes de agosto; según las previsiones, se alcanzará el 40% a finales de 2011.

[7] Albañilería realizada por confinamiento de materiales en una estructura enrejada que forma bloques de construcción.

[8] Shelter and NFI cluster.

[9] El grupo sectorial Refugios y Artículos no Alimentarios cuenta con la colaboración de 69 organizaciones que evalúan las necesidades y responden a ellas en todas las regiones afectadas, especialmente en Puerto Príncipe, Jacmel, Petit-Goave y Léogâne (IASC Haiti Shelter Cluster, enero de 2011).