Desde mayo de 2015, ya no podemos mantener la traducción de nuestra página web española.             
Inicio | Publicaciones | Ayuda humanitaria en marcha | Ayuda humanitaria en marcha n°7 | Puerto Príncipe, catástrofe urbana – crisis humanitaria

La revista de Groupe URD

Herramientas y métodos

Quality & Accountability COMPAS Quality & Accountability COMPAS
CHS Core Humanitarian Standard (CHS)
Pictogrammme Sigmah Sigmah Software
Pictogrammme Reaching Resilience

Reaching Resilience
Pictogrammme brochure Kit de formación: acción humanitaria y medio ambiente
Pictogrammme brochure Manual de la participación
Pictogrammme globe terrestre Misión Calidad
Pictogrammme PRECIS Humatem Método PRECIS

Puerto Príncipe, catástrofe urbana – crisis humanitaria
Béatrice Boyer

 

 En Haití, se muestra de forma clara el desconocimiento de la complejidad urbana por parte de los agentes humanitarios en general

La cultura humanitaria y los mecanismos de ayuda no están adaptados a los contextos urbanos.

Por ejemplo, la acción de emergencia se mueve según prácticas y lógicas que privilegian una ayuda organizada a partir de un reagrupamiento de los afectados en campos establecidos a estos efectos, preferentemente en vastos terrenos vírgenes. La ayuda internacional pensó encontrar una respuesta de este tipo en los grandes espacios públicos planos (Campo de Marte, Place Boyer, zona industrial en las inmediaciones del aeropuerto) y, más tarde, a partir de abril, con la construcción de ‘Campo Coral’, lejos de los escombros de la ciudad. Pero, debido a la ausencia de terreno urbano disponible y suficientemente grande, la operación tuvo que realizarse a unos quince kilómetros de Puerto Príncipe. Aunque los interesados, instigados por el ejército americano, se ofrecieron voluntarios para ser desplazados, alejándose de toda posibilidad de actividad remuneradora, se convierten, a pesar suyo, y tras meses de reclusión, en prisioneros encolerizados de la ayuda internacional. Los espacios de la ciudad y sus funcionamientos se encuentran imbricados y los habitantes entremezclan sus actividades y lugares de vida, o de supervivencia, tras haber abandonado demasiadas veces otros medios con peores condiciones de pobreza y precariedad. De esta forma, incluso aunque ciertos barrios han sido lugares de muerte, no dejan por ello de ser lugares con una memoria viva y, sobre todo, lugares de actividad. En virtud de ello, los agentes de la ayuda tienen que comprender mejor dichos contextos y adaptar sus lógicas de intervención a acciones de más largo plazo que el de la emergencia.

Los mecanismos sectoriales de la ayuda en situación de post-emergencia muestran, en contexto urbano, sus límites.

Las modalidades de la acción humanitaria – programas puntuales, financiamientos limitados, coordinaciones mínimas, a lo que hay que añadir una comunicación tendenciosa – no dan buenos resultados, o ninguno en absoluto, en intervenciones en zona urbana. La separación en especializaciones sectoriales de la ayuda [10] (agua y saneamiento, refugios y artículos no alimentarios, nutrición, gestión de los campos de refugiados) no facilita la inter-sectorialidad, necesaria en las zonas urbanas. Ya sea a nivel de las competencias, de los niveles de financiación, la escala de intervención, la temporalidad de las acciones, su dispersión o los objetivos de los proveedores de fondos, faltan mecanismos de respuesta que tomen en cuenta la imbricación de las funciones, los perímetros urbanos y las diferentes escalas en los lugares de vida y gobernanza. Por otra parte, ciertos sectores técnicos se encuentran, demasiado a menudo, ausentes de dichos programas, por ejemplo, aquéllos que abarcan la gestión del medio ambiente, la colecta y/o tratamiento de las basuras, la evacuación de aguas residuales y/o pluviales. En cuanto a los intermediarios administrativos locales, no se les toma en cuenta más que por defecto y de forma tardía. Sin embargo, se realizan algunos esfuerzos de coordinación de los diferentes agentes humanitarios bajo la forma de grupos de trabajo y de articulación incitativa, el establecimiento de estándares, la integración de la dimensión cartográfica… pero todos ellos no son más que esfuerzos de apoyo de las acciones humanitarias y no de adaptación al contexto. Hace falta un enfoque urbanístico multidimensional y transversal.

Ausencia de tecnicidad urbanística sobre la ciudad entre los actores humanitarios.

Por lo general, el sector de la ayuda ha demostrado que se encuentra mal equipado en cuanto a competencias y herramientas relativas a los problemas y desafíos urbanos se refiere: en cartografía de planos urbanos, en diagnósticos multidisciplinares socio-urbanos, en capacidad de asesoramiento de las instituciones locales para ayudar a establecer esquemas de orientación estratégica urbana – extensión – renovación – viviendas – alcantarillado – transportes … –, en planificación evolutiva, en visiones por escalas de perímetros administrativos, en procesos y procedimientos de ordenación, financiación, coordinaciones estratégicas u operacionales. Si una agencia de la ONU, UN-HABITAT, contaba con la capacidad y experiencia suficientes en este tipo de análisis, los trabajos de dicha agencia no se han hecho eco ni han recibido el debido reconocimiento por parte sus iguales. Hemos entonces presenciado cómo el grupo de trabajo « Vienda-barrios » adquirió finalmente toda su importancia estratégica, pero, ¡cuántos retrasos y despilfarro en la respuesta!

Dificultad para identificar a los interlocutores locales adecuados.

La interfaz con las autoridades haitianas ha sido deficiente en fase de post-urgencia y casi inexistente con los sectores profesionales locales. Los mecanismos urbanos se encuentran muy ligados a los mecanismos políticos y económicos, ya que en ellos están en juego cuestiones clave para éstos. A partir de ahí, las influencias, presiones, juegos de intereses, son permanentes, en el centro mismo y por encima de los mecanismos administrativos puestos oficialmente en práctica, por lo que, en general, los agentes operacionales encuentran dificultades para dar con el interlocutor adecuado, conseguir un correcto nivel de validación, tanto más complicado para los agentes extranjeros, a los que falta la comprensión de la multitud de intereses particulares con los que funciona Haití. Por otra parte, el terremoto ha diezmado las plantillas o a sus familias y, por ello, disminuido de forma considerable las capacidades de respuesta y de las gobernanzas locales, cuyo resultado son un gran número de decisiones y acciones paralizadas.

 

El hecho de que, un año después de la catástrofe, más de un millón de personas aún vivan en tiendas de campaña plantea ciertos interrogantes sobre la eficacia de las estrategias sectoriales de la ayuda internacional.


[10] Los clusters, grupos sectoriales coordinados por las agencias de la ONU.