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Emergencia y Educación: la necesidad de la escuela en épocas de crisis
Elise Joisel

 

 Una necesidad urgente de escuelas de calidad, accesibles para todos y bien dirigidas

En el Chad, el JRS [2] ha desarrollado un proyecto de apoyo al sistema de educación primaria a la llegada de los desplazados a la región de Goz Beida y Koukou Angarana, destinado a más de 100.000 personas. Desde el principio, la idea era la de apoyar al Ministerio de Educación en la creación de escuelas comunitarias, para los desplazados y con los desplazados.

Para que la educación en situación de urgencia constituya una auténtica alternativa de protección de los niños desplazados o refugiados, estabilización de la sociedad, desarrollo de los niños, y todo ello de forma duradera, hay que construir o reconstruir escuelas de calidad accesibles para todos y para todas, y bien dirigidas. No se trata solamente de construir edificios, sino de sentar unas buenas bases para una escuela de calidad: la formación del profesor y un salario regular para el mismo, la formación de las asociaciones de padres, la costumbre de ir a la escuela, tanto para los niños como para las niñas, una escuela sostenible con una autonomía de gestión, compartida entre los padres de los alumnos y el Ministerio de Educación.

Se trata, pues de ofrecer un acceso a la escuela para todos los niños y niñas en edad escolar, que forman parte tanto de la población desplazada como de la población local. El sistema educativo tiene que integrarse en el contexto. En el este del Chad, los desplazados internos cohabitan con la población local, los refugiados sudaneses, las comunidades semi-nómadas. La escuela debe ser accesible para todos ellos. Los proyectos educativos de todas las organizaciones (estatales y humanitarias) deben estar coordinados entre sí, para que todos los niños, cualquiera que sea su origen, tengan acceso a la educación.

Para que la escuela no resulte un simple proyecto a corto plazo, sino que el acceso sea posible en el futuro, cuando las organizaciones humanitarias se hayan ido, hay que desarrollar escuelas comunitarias. Al este del Chad, se pueden encontrar hasta unas treinta comunidades diferentes, personas procedentes de una treintena de pueblos, viviendo en un mismo asentamiento de desplazados. Las 100.000 personas desplazadas que viven en los alrededores de Goz Beida y Koukou Angarana proceden de más de 200 pueblos más o menos alejados de la frontera sudanesa. Hace falta que cada pueblo (o grupo de pueblos más o menos cercanos entre sí) pueda reconstruir una escuela a su regreso.

Para ello, hay que formar a profesores en todas estas comunidades. Aunque exista la posibilidad de traer profesores cualificados pagándoles un buen salario, lo cierto es que el día en que las organizaciones humanitarias y, con ellos las fuentes de financiación, abandonen la región, las escuelas morirán. La dificultad reside en el hecho de que en una región tan poco escolarizada muy pocas personas saben leer y escribir, y son aún muchas menos las que han recibido la formación mínima para ser maestros. Por eso, se tuvo que elegir, tras una prueba de selección entre los desplazados, a aquéllos que mejor leían y escribían en cada comunidad para luego formarlos.

Aunque el acceso para todos sea primordial, aún haría falta que las escuelas sean de calidad. Un proyecto de educación en situación de urgencia debe mejorar la calidad de la educación y del entorno de aprendizaje a través de un aumento significativo del nivel de conocimientos de los maestros, por medio de la formación académica y pedagógica. La falta de personal docente cualificado es el problema más profundo del sistema educativo chadiano. La violencia ha obligado a muchos maestros a abandonar las escuelas. Además, el salario oficial de los maestros comunitarios es bajo, sobre todo en relación al creciente coste de la vida en esta parte del país. Y el Estado paga a los maestros con mucho retraso, cuando les paga.

El hecho de que los maestros reciban formaciones que les permita acceder a una calificación y a un título reconocidos por el Estado, resulta indispensable para que, en el futuro, éste pueda integrarles en el sistema educativo nacional [3]. Doscientos maestros de pueblos diferentes son, pues, formados de forma continua por las tardes, después de las clases, y durante las vacaciones escolares. Además de nociones pedagógicas fundamentales, reciben conocimientos básicos de matemáticas, árabe, historia o ciencias

En términos de gestión, las personas desplazadas deberían poder, por una parte, recrear las escuelas en su pueblo de origen. El fortalecimiento de las capacidades de gestión de las APA y de los directores de escuela es indispensable para que las escuelas puedan funcionar sin la ayuda humanitaria. Un hombre y una mujer de cada pueblo han sido formados sobre el funcionamiento de una asociación de padres de alumnos y, a partir de ahí, a la gestión de la escuela. En la actualidad, las personas así formadas y motivadas son más de quinientas.

En la misma medida, la paga regular de los maestros es un elemento fundamental para el buen funcionamiento de las escuelas. Al principio de la crisis y para poner remedio a las lagunas del Estado en este ámbito, un proyecto humanitario puede animar a los maestros pagándoles primas y después desarrollar actividades generadoras de ingresos comunitarios con las asociaciones de padres. Hay que trabajar sin descanso con el gobierno para que se haga realmente responsable de estos maestros en términos financieros.


[2] Jesuit Refugee Service ha puesto en marcha, desde abril de 2006, el proyecto de « Apoyo al sistema de educación primaria para los desplazados y la población local de Sila ». Con la colaboración del Ministerio de Educación del Chad, se han creado 26 escuelas y 26 asociaciones de padres de alumnos, se escolariza a 17.000 niños y 200 personas desplazadas han sido reclutadas para ser formadas y convertirse en profesores.

[3] La formación organizada por el JRS ha preparado a los maestros para la obtención del BEPC (examen final del ciclo de educación secundaria) ya que la obtención de dicho título es la primera condición para ser reconocido por el Estado chadiano como maestro comunitario. En junio de 2009, el Estado ha reconocido cerca de dos tercios de los maestros que enseñaban en las escuelas de los asentamientos de desplazados.