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Emergencia y Educación: la necesidad de la escuela en épocas de crisis
Elise Joisel

 

 Educación y urgencia: Lo que ofrece una escuela en buen funcionamiento durante la fase de urgencia

Las situaciones de urgencia como la guerra, los conflictos armados, los desplazamientos forzados, las guerras civiles o las catástrofes naturales son todas ellas factores que crean situaciones de ruptura, incertidumbre e inestabilidad que afectan a las oportunidades de educación de los niños. La puesta en marcha de la escuela en semejantes situaciones es ampliamente reconocida como un primer elemento de protección de los niños, ya que la escolarización atenúa la posibilidad de que el niño sea reclutado, explotado o expuesto a otros riesgos. Susan Nicolai cita cinco tipos de acciones concretas de protección realizadas en la escuela [4] : la sensibilización de los niños y/o los padres por medio de las asociaciones de padres de alumnos, la mejora del acceso a la educación para los niños más vulnerables, la introducción de una pedagogía próxima del niño y que rompa la espiral de la violencia, principalmente por medio de la educación a la paz, la transmisión, durante los cursos, de mensajes de protección y, por último, la iniciativa dada a los alumnos por medio de ciertas actividades que fomentan la autoprotección.

Al este del Chad, para los niños desplazados, es en la escuela que se llevan a cabo las acciones de sensibilización sobre los riesgos de bombas abandonadas o también sobre las reglas básicas de salud e higiene, por parte de las organizaciones especializadas en protección o en higiene y lo más a menudo por parte de los mismos docentes. Ir a la escuela todos los días significa retomar contacto con la vida normal. Incluso si antes de la crisis pocos niños no tenían la suerte de ser escolarizados, el ritmo regular y cotidiano de la escuela les ofrece un marco sosegador. La educación fomenta la vuelta a un sentimiento de rutina y de estabilidad para los niños, las familias y las comunidades. Las escuelas ofrecen espacios de seguridad tanto para instruirse como para restablecerse.

 Lo que la situación de urgencia aporta a la escuela

A pesar del lado trágico del desarraigo de la población, el desplazamiento masivo a un mismo lugar, en el Chad, ha reunido a gentes venidas de cientos de pueblos aislados y próximos de la frontera sudanesa en una zona más segura. Ello facilita ampliamente la logística de los proyectos, tanto en términos de creación de las escuelas como de formación de los maestros y de los padres. Este tipo de proyectos resulta casi imposible cuando se lleva a cabo en cientos de pueblos situados en zonas de gran inseguridad. El ejemplo de la formación de los maestros es bastante concluyente. Resulta mucho más fácil formarles cuando están reunidos, y cada uno cerca de su lugar de residencia, que formar maestros que viven en comunidades muy alejadas.

En el Chad, hemos observado que la concentración de la población en asentamientos provoca un índice de escolarización muy alto. En un asentamiento de desplazados, los niños van a la escuela y, en consecuencia, ¡los niños van a la escuela! Las madres los envían a la escuela porque sus vecinas también lo hacen. Se trata de un efecto social importante. Por supuesto, este fenómeno se agudiza gracias al servicio de comedor escolar, ya que la mayor razón de absentismo escolar es la de que los niños deben trabajar para poder alimentarse.

En un sistema educativo tan precario como el del este chadiano, en un contexto en el que las personas se encuentran en situación de desplazamiento desde hace casi cuatro años y en las que las escuelas llevan funcionando desde su llegada, los niños adoptan la costumbre de ir a la escuela todos los días, y ello de forma duradera. La escuela se convierte en un elemento esencial en la vida de la comunidad. La prueba es que los líderes de los desplazados sólo aceptan hablar de regreso a sus pueblos de origen si se les garantiza la seguridad, la salud, el agua y la educación, cuando, la mayor parte de ellos no contaban con escuelas antes de la crisis.

Además, el asentamiento de desplazados atrae a la comunidad humanitaria. De esta forma, un programa educativo a menudo encuentra fácilmente colaboradores para el comedor escolar, el agua y el saneamiento de la escuela, la sensibilización sobre la protección de la infancia. Sin embargo, el hecho de que un gran número de ONG trabaje en la misma zona puede también ser causa de una inestabilidad del sistema educativo local. En el Chad, casi todos los maestros francófonos prefieren trabajar para una ONG que ser maestros comunitarios, ya que el salario es 3 ó 4 veces mayor.

Al mismo tiempo, el carácter participativo y voluntario del trabajo en torno a las escuelas, esencial en los proyectos educativos, es a menudo de difícil comprensión en un contexto de asistencia humanitaria. Los desplazados toman contacto con muchas ONG que ofrecen programas de cash for work, o food for work, o incluso de asistencia puramente gratuita. En dicho contexto, en el que el Estado tiene muy poca presencia, la sensibilización de las comunidades debe ser permanente, ya que no siempre comprenden la diferencia entre un « centro de salud ONG », una « bomba de agua ONG », comida distribuida gratuitamente y una escuela que les pertenece, de la que son responsables. La sensibilización y la formación permiten hacer cambiar las ideas sobre este tema. Cuando los padres de alumnos construyen y mantienen las clases de forma voluntaria, se sienten responsables de ellas y la escuela se convierte en un lugar comunitario.


[4] Susan NICOLAI, « L’enseignement qui protège », Migrations forcées, enero de 2005.