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La reactivación económica y social en zona rural tras el seísmo en Haití: vincular emergencia, rehabilitación y desarrollo
Peggy Pascal - Erwin Schmitt - Fabien Thomas

 

  2- Una zona de intervención con problemas estructurales y coyunturales

2.1. La agricultura campesina de los cerros: un sistema en crisis

Los cerros presentan una gran diversidad de cultivos comerciales (judías, ñame, bananas, maní…) y alimenticios (maíz, sorgo, boniato…), asociados a menudo en la misma parcela. Los ganados caprino, porcino, bovino y ecuestre también representan una parte importante de los ingresos (alrededor del 30%) y permiten hacer frente a las necesidades monetarias, lo que constituye un sistema de ahorro « vivo ». Pero los sistemas de ganadería están sometidos a fuertes medidas sanitarias, que conciernen especialmente a las aves de corral y al cerdo, y a una disminución de las superficies de pasto que afecta principalmente al ganado bovino.

En la zona de intervención se pueden distinguir tres grandes tipos de sistemas de producción:

  • Tipo 1: Los agricultores en precariedad inmobiliaria que recurren a una venta frecuente de mano de obra. Generalmente se trata de parejas jóvenes o mujeres solas, que sobreviven gracias a una agricultura de subsistencia fundada en cultivos alimenticios (esencialmente el maíz y el boniato) y en un huerto doméstico muy productivo. Sus reducidos ingresos procedentes de la cría de animales, la venta de fruta y de judías les expone a una descapitalización repentina e irreversible. Su objetivo es el de acumular suficientes recursos por medio de la ganadería y la cría de animales con el fin de acrecentar su capital inmobiliario. Sin embargo, las enfermedades y las necesidades de liquidez, que les obligan a vender los animales de forma prematura, representan uno de los principales obstáculos. Carentes de actividad extra-agrícola (comercio a pequeña escala, empleo agrícola, venta de carbón…), estos agricultores se encuentran por debajo del umbral de subsistencia y se ven obligados a emigrar hacia las zonas urbanas. Cultivan menos de 0,5 carreau y representan un 30% de la población de los cerros.
  • Tipo 2: Los pequeños propietarios que recurren a la diversificación de los cultivos y se apoyan sobre todo en una mano de obra familiar. Estos campesinos combinan cultivos comerciales (judías, plátano, maní) con cultivos alimenticios. Las actividades extra-agrícolas sólo representan un aporte secundario. En años de buena cosecha, los propietarios pueden invertir en ganado y almacenar semillas para venderlas más caras en la temporada siguiente. Se sitúan muy por encima del umbral de subsistencia pero, a causa de los riesgos que presenta el cultivo de la judía, se ven muy afectados por las malas cosechas. A falta de créditos a un tipo de interés razonable, los más modestos entran fácilmente en un ciclo de descapitalización, y a veces ocurre que los jefes de explotaciones agrarias se vean obligados a vender sus árboles o hipotecar sus parcelas. Esta categoría explota una superficie de entre 0,5 carreau y 2 carreau y representa más de la mitad de la población de los cerros.
  • Tipo 3: LLos grandes propietarios dedicados a cultivos comerciales con mano de obra exterior. El objetivo de estos productores es el de optimizar el factor limitante que constituye la mano de obra. Además, prefieren los sistemas de huerta, que requieren poca mano de obra y procuran unos ingresos confortables y regulares. El barbecho y la cesión de tierras bajo la forma de la aparcería también responden a sus necesidades. El capital pecuario es también importante (entre 5 y 20 animales), con predominio de bovinos y equinos. Los ingresos agrícolas, las rentas del suelo (procedentes esencialmente de aparcerías), las rentas pecuarias y los ingresos extra-agrícolas les permiten acrecentar el capital inmobiliario e invertir en ganado o en la educación de sus hijos. Estos agricultores no se encuentran sometidos a riesgos importantes de descapitalización ya que cuentan con un capital suficientemente importante para hacer frente a gastos imprevistos. No obstante, se ven enfrentados a problemas de liquidez para pagar la mano de obra agraria, lo que puede llevarles a endeudarse. Esta categoría cultiva más de 2 carreau y sólo representa el 16 % de la población de los cerros.

 

Precariedad inmobiliaria, sobreexplotación de la tierra y deforestación

La precariedad en la propiedad del suelo, que es el caso de un gran número de agricultores, es la principal causa de la pobreza estructural que conocen la mayoría de ellos. Desde el punto de vista agro-histórico, el aumento de la densidad demográfica en los cerros ha provocado una disminución de la superficie cultivada por familia y una intensificación de los sistemas de cultivo. Esta última ha causado una disminución de las prácticas de agrosilvicultura y del recurso regular al barbecho. Para seguir cultivando una superficie capaz de satisfacer sus necesidades, los campesinos han puesto en cultivo zonas forestales. El abandono del cultivo del café, como consecuencia de la liberalización económica de los años noventa, combinada con la derogación de leyes que restringían la tala de árboles, ha producido una deforestación masiva. La sobreexplotación de las tierras y la deforestación han contribuido a una rápida e importante disminución de la fertilidad de los suelos y a una caída drástica del rendimiento (y, por lo tanto, de los ingresos). También se observan diferencias en la gestión de la tierra en función de la seguridad inmobiliaria, entre aquéllos que poseen la tierra que explotan y sobre la que realizan inversiones a largo plazo (plantación de árboles), y los aparceros, arrendatarios o aquéllos cuyos títulos de propiedad no están bien definidos.

 

Temporada de carestía y alimentación

La alimentación de base de las familias en zona rural es el arroz, completado por el consumo de frutas (plátano, artocarpo, mango, aguacate), legumbres en grano (judías, guandú…) y de tubérculos (boniato, ñame…) de producción propia. La baja capacidad de almacenamiento de los campesinos implica que la cantidad y calidad de las comidas depende de las producciones que pueden ser cosechadas en un momento dado, con una temporada de carestía entre marzo y junio (final de la estación seca/principio de la estación de lluvias). La disponibilidad de alimentos en los mercados está garantizada todo el año, pero la accesibilidad se ve limitada por los recursos financieros de los campesinos. Por eso, los más pobres, que son los que más dependen del consumo de su propia producción, son los que más sufren durante la temporada de escasez.

 

Una alta exposición a las catástrofes naturales y las epidemias

Durante los últimos 3 años, los problemas estructurales de la región se han visto agravados por una serie de catástrofes de gran envergadura:

  • En 2008, 3 ciclones importantes (Fay, Gustav y Hanna) arrasaron la isla, provocando grandes pérdidas en las cosechas y matando numerosas cabezas de ganado (cabras, cerdos, bovinos).
  • En 2009, 3 tormentas tropicales provocaron de nuevo numerosos daños, especialmente la tormenta del 23 de diciembre de 2009, que destruyó las cosechas de guandú y sorgo en un momento en el que la de la judía había sido particularmente mala en el mes de julio. Esta tormenta también provocó la muerte de algunas cabezas de ganado y la destrucción de una parte de los stocks de semillas.
  • Entre 2009 y 2010, la casi totalidad de los cerdos murieron a causa de la enfermedad de Teschen, mientras que éstos son especialmente importantes para las familias modestas, ya que requieren poca mano de obra y procuran una comida fácilmente disponible.

 

2.2. El seísmo, una nueva conmoción

Aunque sea cierto que la situación humanitaria en los cerros no era comparable a la de la ciudad (menos casas destruidas o dañadas, pocas muertes, impacto reducido sobre los factores de producción agrícola…), la llegada repentina y masiva de las personas desplazadas, procedentes de las regiones de Puerto Príncipe, Léogâne, Grand-Goâve y Petit-Goâve, condujo a las familias a descapitalizar (venta de grano, semillas y cabezas de ganado) más rápidamente y a consumir todas o casi todas sus reservas de grano y sobre todo de semillas. Según nuestras estimaciones, las capacidades de alojamiento de las familias se vieron ampliamente desbordadas con un aumento de la población de entre un 30 y un 50% durante el primer mes que siguió al seísmo.
Las familias se vieron, pues, obligadas a adoptar estrategias que ponían en peligro la sostenibilidad de sus modos de subsistencia (tala de árboles y fabricación de carbón vegetal, venta de animales). De esta forma, las estrategias de resiliencia de las familias, que ya estaban bastante mermadas en 2008 y 2009, se vieron sometidas a una degradación aún mayor.
Desde el punto de vista alimentario, numerosos hogares tuvieron que reducir el número de comidas diarias. Dicho número pasó de 3 a 2 (e incluso 1) y el número de días al mes sin ninguna comida pasó de 2 a 7 u 8. La cantidad de comida por ración también disminuyó drásticamente (de 1/3 ó 1/2). Además, de forma paralela a la reducción de la cantidad de comida, la calidad también se vio mermada a causa de una menor diversidad de las raciones. Por ejemplo, el consumo de carne era entre 3 y 4 veces más escaso que antes del seísmo.